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domingo, 18 de octubre de 2015

EVOLUCIÓN DEL BEBÉ: FISIOLOGIA DIGESTIVA DEL RECIEN NACIDO Y LACTANTE, por Viviana Araneda

Durante el periodo intrauterino, el feto se alimenta a través de la circulación placentaria. La placenta extrae de la sangre de la madre todos los nutrientes requeridos, que entran a la circulación fetal en una forma inmediatamente utilizable. Debido a este mecanismo el feto no tiene que ingerir, digerir y absorber alimentos ni tampoco requiere de un sistema excretor. El tracto gastrointestinal y las funciones renales se desarrollan progresivamente antes del nacimiento. Al nacer, el niño debe ingerir los alimentos por boca, digerir y absorber los nutrientes y tener riñones que funcionen para excretar los desechos metabólicos para mantener la homeostasis del agua y los electrolitos.

Sin embargo, ya que ni el sistema digestivo ni el excretor están completamente desarrollados, el margen de tolerancia del agua y la carga renal de solutos es muy estrecho comparado con el lactante mayor. Debido a la incapacidad del riñón de concentrar orina, al nacer y durante varios meses después, el neonato y el lactante requieren alimentos con un mayor contenido de agua.

Durante este proceso de adaptación a la vida extrauterina, el lactante está creciendo rápidamente, por lo cual tiene requerimientos nutricionales elevados. Las indicaciones de alimentación durante el primer año de vida deben considerar no sólo los requerimientos nutritivos de esta edad, sino también las características de maduración y desarrollo de los sistemas neuromuscular, gastrointestinal, renal e inmunológico, de manera de establecer una transición gradual desde la alimentación al pecho materno hasta la dieta mixta habitual del niño mayor. La capacidad gástrica del lactante aumenta de 10 a 20 mililitros en el nacimiento hasta 200 al primer año. La velocidad de vaciamiento es relativamente lenta, dependiendo del volumen y la composición de la comida.

La leche materna es el único alimento capaz de satisfacer todos los requerimientos nutricionales durante los primeros 6 meses de vida, sin requerir otros alimentos agregados como agua o jugos. El recién nacido no nace sabiendo mamar, nace con la capacidad para aprender a mamar y desarrolla esta capacidad cuando se le facilita la experiencia en las primeras 48 horas de vida. El niño es capaz de mamar y tragar solamente líquidos en los primeros meses de vida por la presencia de los reflejos de succión y deglución que por definición son involuntarios y condicionan al lactante sólo para tragar líquidos. El reflejo de succión tiene su máxima respuesta a los 20 a 30 minutos después del parto y este es el momento debe ser aprovechado. El niño expresa su sensación de hambre llorando y de saciedad durmiendo. Sin embargo, los alimentos sólidos y semi sólidos son rechazados por el empuje de la lengua o reflejo de extrusión, el cual desaparece entre los 4 y 6 meses, haciendo posible el inicio de la alimentación no láctea complementaria. Los reflejos de succión y deglución dirigen una serie de movimientos coordinados de los labios, las mejillas, la lengua y la faringe.

De los 4 a 6 meses el lactante es capaz de mantener la cabeza erguida y tiene un control parcial del tronco, lo que facilita el proceso de alimentación. También entre los 5-7 meses hay una sialorrea (salivación abundante) que coincide con el desarrollo de la dentición. Debe permitirse al niño que juegue y pruebe sus manos para que registre nuevas percepciones en la lengua. A esta edad madura completamente la deglución y aparece una masticación rudimentaria, junto con la erupción de los dientes la lengua va adquiriendo una posición más posterior. Alrededor de los 8 meses empiezan a aparecer estos movimientos rítmicos de masticación, lo que junto a la aparición de los primeros dientes (6 a 8 meses) y el desarrollo posterior de las destrezas motoras finas permite la incorporación gradual de alimentos semisólidos y la participación creciente del niño en el acto de alimentarse.

Entre los nueve y doce meses coge pequeños alimentos y comienza a autoalimentarse. Así, muestra la capacidad de llevarse comida por sí sólo a la boca, una cuchara o beber de un vaso, aunque es incapaz de comer por sí sólo hasta al menos los dos años de edad, momento en el que también está establecida totalmente la visión lo que permite una coordinación oculo-motora completa.

Como ya se señaló alrededor de los 6 meses empieza la erupción dentaria indicando mayor madurez neuro funcional: aumenta el uso de la musculatura masticatoria, se incrementa la percepción sensorio – espacial de la lengua y los labios, se transforma la función deglutoria de instintiva y refleja en deglución somática, se extingue progresivamente el reflejo de extrusión y se desarrolla la discriminación de nuevas texturas, sabores, olor, temperatura y consistencia de alimentos, de modo que el niño puede manifestar preferencia o rechazo.

Durante la infancia comienzan los procesos de maduración y aprendizaje. En este período, el niño comienza a demostrar comportamientos específicos frente a los alimentos. Como consecuencia de esto, en esta primera etapa de la vida, concretamente en el segundo semestre, hay que ir enseñando a comer en el sentido más completo del término, desde masticar hasta la adquisición de hábitos alimenticios que deben permanecer el resto de la vida.

La capacidad digestiva durante el primer año de vida depende de la eficiencia con que madura el aparato digestivo, tanto en lo motor como en lo enzimático. Se debe tener presente que el cardias adquiere cerca de los tres meses su tono normal, por lo que se puede esperar cierto grado de reflujo hasta esta edad. El reflejo gastrocólico( aumento de los movimientos musculares del tracto digestivo cuando llegan los alimentos a un estómago vacío, lo que puede causar la urgencia de defecar inmediatamente) suele estar presente a esta edad y puede manifestarse en forma más intensa en los niños alimentados al pecho. El tono del esfínter esofágico inferior aumenta progresivamente en los 6 primeros meses, aunque su completa madurez se alcanza a los tres años. El ritmo de vaciamiento gástrico normal se alcanza hacia los 9 meses de edad. El pH gástrico es más alto que el del adulto, alcanza los valores de éste hacia los tres años de edad.



Clasificación de los Períodos de maduración nutricional:

a) 0-6 días. Adaptación a la vida extrauterina.
- Hay necesidad de contacto precoz y persistente.
- Las aptitudes para alimentarse son: mamar y tragar.
- Capacidad de digestión es inferior a las necesidades.

b) 7-28 días. Función de digestión y metabolismo a punto.

- Maduración del metabolismo hepático.
- Estímulo de la capacidad de depuración renal.
- Aumento de sales biliares en el duodeno.
- Normalización de las enzimas glucolíticas.
- Disminución de la motilidad y del transporte intestinal.
- Establecimiento de la flora intestinal.

c) 1-6 meses. Maduración de órganos y sistemas.
- Mejoría de la función gástrica.
- Mejoría de la secreción pancreática.
- Desaparición de la permeabilidad intestinal.
- Desarrollo de la respuesta inmunológica.
- Mejoría del transporte sanguíneo y maduración del enterocito.
- Aumento de la movilidad del intestino delgado.
- Continencia del cardias.
- Desaparece el reflejo de extrusión.

d) 6-12 meses. Desarrollo de las aptitudes personales.
- Aumento de la secreción salivar.
- Inicio del desarrollo del gusto.
- Se empiezan a llevar objetos a la boca.



Evolución de la alimentación, desarrollo neuromuscular y de la dentición desde los 5 a los 12 meses



El lactante como ya se ha mencionado, especialmente en la primera etapa de su vida, no posee una maduración completa de muchos órganos y tejidos de su organismo. En este sentido destaca:

a) El sistema digestivo
presenta algunas deficiencias de enzimas digestivas, así como de hormonas gastrointestinales. A los tres meses aun la producción de ácido por el estómago es inferior al 50% de la del adulto. La pepsina a los tres meses aun no alcanza valores del adulto.

b) El páncreas no secreta amilasa y sus niveles de lipasa son bajos. En cuanto a las hormonas gastrointestinales, en el neonato todas ellas son deficitarias, en especial la motilina ( hormona que se secreta en el intestino que gatilla los complejos migratorios que son los que marcan las ondas, estimula la motilidad y vaciamiento gástrico), si bien este déficit transcurridos aproximadamente 40 días es subsanado y llegan prácticamente a la normalidad.

c) El hígado está culminando la maduración de muchas funciones como la capacidad de formar glucosa por gluconeogénesis, sintetizar ácidos biliares, metabolizar un exceso de proteínas, biosíntesis de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, etc.

d) El sistema renal tampoco está totalmente diferenciado para una excreción aumentada de sustancias o para regular el equilibrio ácido-base. Entre las funciones de los riñones se encuentra mantener la cantidad y la composición de los líquidos corporales así como la excreción de los desechos metabólicos, en el recién nacido, estas funciones se desempeñan a una capacidad limitada.
Existe una limitada capacidad de excreción renal de solutos, baja capacidad de concentración renal, disminuída capacidad de reabsorción tubular entre otros. El recién nacido continúa con un metabolismo predominantemente anabólico y sus riñones funcionan bien con un alimento balanceado, de bajos residuos, como es la leche materna. Ingerir leche de vaca no diluída puede producir hiperosmolaridad con hipernatremia y si esto no se controla puede ocasionar letargia, convulsiones e incluso daño al S.N.C.
La inmadurez relativa del sistema renal del recién nacido aparentemente se debe a que el nivel de funcionamiento corresponde a la demanda esperada. Después los riñones maduran rápidamente durante los primeros meses de vida y pueden adaptarse a variaciones significativas en la dieta: las modificaciones progresivas en la ingesta alimentaria, con incrementos en la urea y otros solutos a ser excretados, estimulan a los riñones a alcanzar niveles funcionales mayores.
Los riñones del recién nacido se caracterizan por una baja tasa de filtración glomerular y una capacidad de concentración limitada. Ambas son suficientes cuando la alimentación aporta una buena cantidad de agua libre y una baja carga renal de solutos, como es el caso de la leche materna. Sin embargo, la ingesta de leche de vaca no diluída o de fórmulas concentradas, en los primeros meses de vida, puede producir alteraciones del equilibrio hidro electrolítico y ácido base que resulten en hiperosmolaridad, hipernatremia, acidosis metabólica y en algunos casos hiperfosfemia e hipocalcemia. La capacidad funcional renal aumenta rápidamente en los primeros meses, preparando al niño para el inicio de alimentos con mayor carga de solutos.

e) El sistema nervioso tras el crecimiento, no sólo se sigue desarrollando sino que presenta el importante fenómeno de mielogénesis que comenzó en el período fetal.

La gran inmadurez funcional y metabólica habla de la enorme vulnerabilidad del neonato, siendo fundamental una adecuada nutrición que en principio solo la logra, en su totalidad, la leche materna.

Digestión y absorción de Macronutrientes

1. Hidratos de Carbono: 
El proceso de digestión de los alimentos comienza en la boca; durante la masticación los alimentos se mezclan con la saliva permitiendo que la acción de la amilasa empiece la digestión de los almidones. Aunque se ha encontrado amilasa en la saliva infantil, no se registra digestión de los carbohidratos en la boca o en el esófago durante los primeros meses de vida.

La digestión de los Hidratos de Carbono ocurre principalmente en el intestino delgado proximal. El recién nacido de término tiene una actividad adecuada de lactasa, sacarasa-isomaltasa y glucoamilasa, lo que le permite digerir adecuadamente lactosa, sacarosa y algunos oligosacáridos; sin embargo posee bajos niveles de amilasa salival y sólo un 10% de la actividad de amilasa pancreática lo que limita la capacidad para digerir H. de C. complejos como las harinas y cereales antes de los tres o cuatro meses de edad, y recién después de los 6 meses presenta niveles adecuados de amilasa pancreática.

La digestión parcial de la lactosa en lactantes alimentados con leche materna cumple un rol fisiológico, ya que el pH ácido intestinal resultante contribuye al desarrollo de una flora intestinal no patógena y evita la implantación de anaerobios y coliformes.


2. Proteínas:

La digestión y absorción de proteínas funcionan eficientemente en el recién nacido de término y en prematuros, gracias a la secreción gástrica de ácido clorhídrico y pepsina que ya están bien desarrolladas en el lactante; sin embargo, las concentraciones de ácido clorhídrico y pepsina son bajas, y aumentan progresivamente durante los primeros cuatro meses de vida. La digestión de las proteínas ocurre principalmente en el intestino delgado, en donde la actividad proteolítica en el recién nacido ha alcanzado la misma concentración que en los adultos.

Sin embargo, debe evitarse la ingesta muy alta de proteínas porque esto implica un aumento de la carga renal de solutos y puede inducir acidosis metabólica. En este aspecto la digestión proteica no representa ningún problema para el lactante, aunque la pepsina se encuentre en niveles bajos, y tripsina y quimiotripsina tampoco presentan valores de niños mayores y adultos. Así, un neonato es capaz de digerir cantidades de proteína muy superiores a las presentes en la leche humana. El problema no es la digestión proteica, sino aspectos de metabolización y excreción de productos resultantes de esa metabolización.

Al ser la secreción de pepsina más baja hasta los tres años ( hasta los 18 meses no alcanza valores del adulto)y al ser el pH gástrico menos ácido, la acción de la pepsina sobre la digestión de proteínas es menor, lo que puede favorecer el paso a la circulación de proteínas enteras. La absorción de algunas proteínas intactas en los primeros meses, permite el paso de inmunoglobulinas de la leche materna, pero esta mayor permeabilidad puede tener consecuencias adversas si se incorporan proteínas extrañas, con capacidad antigénica, que pueden gatillar el desarrollo de alergias alimentarias.

En los niños mayores como en los adultos, las proteínas se absorben como aminoácidos y pequeños péptidos. La mayor parte de los péptidos son digeridos aún más durante su paso por la mucosa y son principalmente los aminoácidos libres los que ingresan a la circulación. Las moléculas grandes, que pueden actuar como antígenos no atraviesan la mucosa intestinal, pero durante el período neonatal y por un tiempo variable, el lactante puede absorber estas grandes moléculas y desarrollar una reacción alérgica.


3. Grasas:
La digestión y absorción de grasas es insuficiente en el recién nacido de término y en el prematuro, debido a que la actividad de lipasa pancreática y el pool de sales biliares son insuficientes. En el recién nacido de término, las funciones pancreáticas y hepáticas todavía no están plenamente desarrolladas y las concentraciones tanto de la lipasa pancreática como de las sales biliares son muy bajas.

La digestión y absorción de las grasas de la leche materna son adecuadas, a pesar de que las gotas de grasa en la leche son particularmente resistentes a la actividad lipolítica de las lipasas pancreáticas porque están cubiertas por una capa de fosfolípidos y proteínas. Pero ello está parcialmente compensado con una mayor actividad de la lipasa lingual y gástrica y especialmente por una lipasa específica contenida en la leche materna que se activa al llegar al duodeno, lo que no ocurre cuando la leche materna es reemplazada por fórmulas lácteas.

Las lipasas linguales son secretadas por las papilas de la parte posterior de la lengua; comienzan a actuar en el estómago y los productos de la lipólisis (ácidos grasos y monoglicéridos) contribuyen a la emulsificación de la mezcla, compensando de este modo el bajo contenido de sales biliares. La lipasa de la leche materna también tiene actividad de estearasas, lo que es importante para la utilización de la vitamina A que está presente en la leche en forma de ésteres de retinol. Estos mecanismos compensatorios para la utilización de las grasas son menos eficientes cuando se introduce grasa de leche de vaca u otras en la dieta infantil.


Alternativas de alimentación láctea artificial si no es posible la leche materna
1era. Opción:
Fórmulas comerciales, adaptadas, basadas en leche de vaca, que intentan acercarse a la composición de la leche materna para hacerla compatible con la madurez gastrointestinal y necesidades del recién nacido y lactante. Estas fórmulas reconstituidas al 13% (13 g. de polvo en 100 ml. de agua), tienen un aporte de nutrientes similar a la leche materna y cumplen con las recomendaciones establecidas para la preparación de formulas lácteas infantiles.

2da. Opción:
Leche de vaca modificada en el hogar. La leche de vaca no modificada es inadecuada para los lactantes menores de 1 año, ya que contiene una concentración excesiva de proteínas, calcio, fósforo y sodio, y además es deficiente en ácidos grasos esenciales, vitamina C, E, D y niacina. El hierro, zinc y cobre junto con ser insuficientes en cantidad, se absorben pobremente. La fórmula para los primeros meses de vida, a base de leche de vaca al 26% de materia grasa, debe estar reconstituida al 7,5% con el fin de adecuar el aporte de proteínas, calcio, fósforo y sodio. Para cumplir las recomendaciones de energía para la edad se agrega malto dextrina o sacarosa al 5% y es necesario además, agregar 1,5% de aceite vegetal para cubrir los requerimientos de ácidos grasos esenciales.


B I B L I O G R A F I A
1. Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS). Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá (INCAP). Alimentación Infantil. Bases fisiológicas. Capítulo 4: Desarrollo fisiológico del infante y consecuencias para la alimentación complementaria. 1992.
2. Guía de alimentación del niño(a) menor de 2 años. Guías de alimentación hasta la adolescencia. Departamento de Nutrición y ciclo vital. División de prevención y control de enfermedades. Ministerio de Salud. Chile. 2005.
3. Nutrición en situaciones fisiológicas. Capítulo 2: Nutrición y Lactación. Fundación Universitaria Iberoamericana. Barcelona España. 2004.
4. www.escuela.med.puc.cl. Publicaciones del Manual de Pediatría.
5. Mataix Verdú, J. Nutrición y Alimentación Humana. Capítulo 28 Lactante. Editorial Ergon. Barcelona España. 2002.


Fuente:
FISIOLOGIA DIGESTIVA DEL RECIEN NACIDO Y LACTANTE
Docente: Viviana Araneda Ch.
Departamento de Pediatría y Cirugía Infantil. 

Universidad de la Frontera. 2007


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viernes, 19 de junio de 2015

EVOLUCIÓN DEL BEBÉ: El control de esfínteres II



El control de esfínteres es un proceso muy sencillo, que todos los niños llevan a término con naturalidad, si sabemos escuchar y esperar el momento adecuado, en el que por sí mismos deciden asumir el comportamiento más maduro y autónomo de hacer pipís y caca en los lugares y momentos oportunos, en lugar de hacérselo encima, manchándose, haciendo mala olor y teniendo que aguantar el peso y la humedad en el culo hasta que el adulto se lo quite.

Requisitos previos al control voluntario de los esfínteres
Un primer requisito es la maduración y desarrollo neuromuscular.
En el lactante, la vejiga se vacía automáticamente cuando está llena. Este mecanismo cambia con el crecimiento, de manera que cuando la vejiga o los intestinos están llenos, el niño recibe la sensación local y puede decidir si abre el esfínter y deja salir el contenido o cierra y retiene los líquidos y los sólidos. Es habitual que esto suceda alrededor del año y medio. Pero recibir la señal no quiere decir estar preparado para ejercer el control voluntario.
En segundo lugar, la decisión de abrir o cerrar los esfínteres requiere que el niño se de cuenta de que lo que él haga no es indiferente. Ha de poder discriminar cognitivamente (comprender) que es una decisión a tomar entre dos alternativas y que está a su alcance. En la base de tomar la decisión de no ceder a sus necesidades hasta llegar al lugar adecuado está la voluntad de ser como los adultos e identificarse con sus normas.
Finalmente, además de comprenderlo, el niño ha de desear emocionalmente asumir el control. Llega un momento en que el niño manifiesta interés en el mundo adulto y el deseo de alcanzar un comportamiento más maduro y autónomo. Es este deseo, cuando se manifiesta, el que debemos observar y acompañar, reconociendo sus esfuerzos, sin exagerar ni distraerlo de su propia e intrínseca satisfacción, de su orgullo por sus nuevos conocimientos y las nuevas capacidades que está construyendo. Las motivaciones intrínsecas, que vienen de uno mismo, conducen a la verdadera autonomía, que va más allá de alcanzar un comportamiento externo acertado. Nuestro objetivo es más ambicioso, consiste en experimentar la satisfacción de realizarse a uno mismo.

Diferencias individuales
La edad de inicio y la duración del proceso puede variar mucho de unos niños a otros. En investigaciones hechas por médicos pediatras en el Instituto Emmi Pikler, de Budapest, encontraron que hasta los dos años, la mayoría de niños que no han sido forzados, no intentan hacer servir el orinal. En cambio, a los tres años, todos han hecho intentos exitosos. Sobre la duración del proceso, un tercio de los niños a los que se les hizo el seguimiento tardaron una media de nueve meses y medio en completar el proceso; un 25% lo consiguieron en 5 meses. Los más rápidos, una minoría del 10%, lograron el control voluntario de esfínteres en dos meses de media, mientras que los más lentos tardaron 16 meses de media, y eran el 25% de la muestra estudiada. Encontraron también que las niñas controlan los esfínteres antes que los niños.

El momento óptimo
Debemos observar las señales que nos indiquen en cada niño el momento crítico en el que quiere asumir nuevos comportamientos de autonomía. Escoger el momento óptimo para sentarlo en el orinal y para quitarle el pañal facilita todo el proceso de aprendizaje. En cambio, forzarlo, querer avanzarlo o retrasarlo demasiado genera muchos problemas innecesarios.
Una señal externa de que se ha producido la maduración necesaria para comenzar a hacer pipis en el orinal nos la da el pañal. Si cada vez que lo sacamos está totalmente mojado o totalmente seco, quiere decir que retiene la orina en la vejiga o que la vacía completamente cada vez. Pero además de la maduración neuromuscular, como ya hemos dicho, el control voluntario de los esfínteres requiere un cierto desarrollo cognitivo y emocional. Un elemento común en todos los niños es que la adquisición del control va precedida por la utilización de la primera persona del singular y del yo en el lenguaje hablado, que manifiesta una mayor consciencia de uno mismo. Observar el lenguaje, los juegos y fantasías de los niños nos da pistas sobre el momento en el que se encuentra cada uno.

Los primeros pipis en el orinal
Los médicos pediatras del Instituto de Emmi Pikler de Budapest, encontraron que los niños sólo se sentaban en el orinal cuando ellos lo pedían o cuando ellos mismos sacaban el orinal.
Una vez iniciado el proceso, la frecuencia con la que se sientan a hacer sus necesidades depende de cada niño. Podemos observar individualmente a qué horas hace sus necesidades con más probabilidades, y preveerlo cuando llega el momento. [...]
Nuestra intervención en función del resultado que haya en el orinal es significativa. Si entendemos el proceso del control de esfínteres como un entrenamiento del hábito, entonces haber hecho pipí o caca será considerado un éxito y lo reforzaremos externamente con felicitaciones; mientras que no hacer nada será un fracaso que compensaremos con frases de consuelo como "quizás la próxima vez...". Este sistema utiliza el poder de las recompensas externas para modelar el comportamiento: si un comportamiento se premia se refuerza, si se castiga se debilita.
"Los premios y los castigos son recursos de entrenamiento. El niño no necesita que lo entrenen para controlar los esfínteres, sino que lo acompañen en el camino de la adquisición cuando se sienta preparado."
Falk y Vincze (2006) "Sobre el control de los esfínteres", Infancia (pag.35).
Si entendemos el control de esfínteres como un paso adelante en la construcción de su autonomía,  entonces encontrar pipis o cacas en el orinal, nos pondrá contentos porque conectaremos con el sentimiento de eficacia y competencia del niño. Hemos de manifestar que estamos contentos sin elogios especiales ni suplantar su propia satisfacción. Si no hay pipis ni cacas en el orinal, no se lo echaremos en cara ni lo consolaremos, como si hubiese alguna cosa que lamentar.
Al inicio del proceso del control de esfínteres es frecuente hacerse pipí fuera del wáter, subirse los pantalones antes que los calzconcillos o las braguitas, etc. Procuraremos que se de cuenta de la dificultad surgida, que piense en encontrar soluciones y que coopere con aquello que le pidamos.
Es frecuente también que el niño muestre curiosidad por los líquidos o sólidos que salen de su cuerpo, y que, por tanto, no pueden ser malos, ya que son parte de él, una prolongación suya. Intrigado, puede querer tocarlo y jugar con ello. Los niños son muy sensibles a nuestra intervención en este terreno. Hemos de evitar las actitudes excesivamente fuertes y negativas, que bloquean a las personas y el desarrollo.

Quitamos el pañal, excepto para dormir
La primera vez que ya no lleva pañal es conveniente que lo viva en casa. [...]
Estos primeros días estaremos más pendientes de estas necesidades. [...]
A veces, el niño se lo hará encima sin decir nada hasta que nos demos cuenta y le preguntemos qué ha pasado. En otras ocasiones quizás nos avisará pero no llegaremos a tiempo y se manchará la ropa. Estos incidentes, no los debemos interpretar como un capricho o conducta de oposición. Los hemos de aprovechar para recordar al niño que ha de estar muy atento para darse cuenta y poder hacer los pipis y la caca en el orinal o el water.

[Es aconsejable tener/viajar con ropa de recambio en previsión de errores y vestir al niño con ropa fácil de quitar para no perder tiempo en los momentos críticos]

El pañal se retira de forma definitiva. No se ha de volver a poner excepto para la siesta y la noche, cuando si que lo llevará para que duerma más tranquilo, sin la responsabilidad de vigilar que no se le escape nada.
Conseguir el control de los esfínteres les permite comprobar su competencia, su capacidad de progresar, de conseguir el control de su cuerpo y satisfacer los criterios de independencia y autonomía propios y de su entorno.
Las regresiones en el control de esfínteres son muy habituales. El nacimiento de un hermano o hermana, separación de personas queridas, la muerte de un abuelo, las relaciones conflictivas en casa, etc. representan cambios demasiado grandes para el niño, que tiene medios de expresión y representación sin elaborar. La actitud más adecuada por nuestra parte es la de ser tolerantes con estas dificultades en el crecimiento y mostrar confianza y la seguridad de que lo superarán.
A los 4 años, todos los niños acostumbran a ser capaces de controlar sus esfínteres de día y de noche.
A los 5 años ya son totalmente independientes. Es poco frecuente que se les escapen las excreciones de día, de noche aun puede ocurrir ocasionalmente.



Trastornos de eliminación
Los trastornos de eliminación se refieren a la falta de control en la micción y la defecación a partir de la etapa en la que prácticamente todos los niños pueden hacer el control voluntario. Estos trastornos son la enuresis (incontinencia urinaria) y la encopresis (incontinencia fecal).

La enuresis
La enuresis es la falta de control del esfínter urinario, de manera que, teniendo edad para controlar la micción por voluntad propia, el niño continua orinando involuntariamente. A partir de los 6 años la enuresis se puede considerar un problema significativo.
Puede pasar que durante el día se controle perfectamente el acto de orinar y durante la noche no pueda hacerlo. En este caso, el niño tiene enuresis nocturna.
Las causas de la enuresis pueden ser de tipo físico, como los problemas madurativos y de desarrollo. También puede deberse a un retraso en la adquisición de los hábitos higiénicos. Otra causa puede ser el estrés psicosocial: el nacimiento de un hermano, ralación inadecuada entre los padres, inicio de la escuela infantil... En otros casos, la enuresis puede ser un síntoma provocado por otro trastorno, como un trastorno del sueño o un trastorno psíquico.
Se han de tener en cuenta las complicaciones añadidas que este trastorno puede generar, como la frustración del propio niño, el castigo de los adultos, las burlas de los compañeros, evitar las salidas en las cuales se pernocta, el retraimiento social...
Estas complicaciones pueden derivar en una baja autoestima y problemas conductuales, aspectos más graves que la enuresis en sí misma.
Medidas preventivas a tomar serían restringir el consumo de líquidos antes de los periodos de descanso, vaciar la vejiga  antes de ir a dormir y ser autónomo con la limpieza.
La intervención requiere un plan individualizado, propuesto por un especialista, que se ha de poner en práctica tanto por parte de los padres como de los educadores del niño.

La encopresis
La encopresis es la falta de control del esfínter anal. Se manifiesta con un estreñimiento repentino, con retención de heces muy duras en los tramos finales del intestino, escapándose de forma involuntaria pequeñas cantidades de heces casi líquidas. Acostumbra a ir acompañada de enuresis.
La encopresis es menos frecuente que la enuresis. Como ella, puede provocar alteraciones en la autoestima del niño.
Una causa de encopresis pueden ser los errores en el proceso de enseñanza  y aprendizaje del control de esfínteres. Como por ejemplo comenzar demasiado temprano cuando el niño aun no está preparado madurativamente, o presionar excesivamente para que se complete el proceso de autonomía cuanto antes mejor. Otra causa de encopresis puede ser el estrés del niño o del entorno habitual donde vive: nacimiento de hermanos, saparación de los padres, muerte de un ser querido... Como en el caso de la enuresis, la encopresis también puede ser síntoma de otro trastorno más importante, como por ejemplo, la depresión infantil.
Las familias y las escuelas pueden prevenir este trastorno mediante un buen planteamiento educativo para ayudar al niño a vivir su proceso hacia la autonomía en el control de esfínteres. Ante casos ya manifestados de encopresis se requiere un control psiquiátrico.


Fuente: Autonomia personal i salut infantil, CFGS Eduació Infantil. IOC, Generalitat de Catalunya. Setembre de 2010. Publicat amb llicència CC.

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viernes, 12 de septiembre de 2014

Preparar a los niños (hermanos) para un parto en casa


El nacimiento, como la muerte, son procesos absolutamente normales en la vida, todos hemos de pasar por ellos, así que la mejor forma de tratarlos es con la naturalidad y respeto que merecen. Son muchos los adultos, incluso profesionales, que se echan las manos a la cabeza si les hablamos de que los niños presencien un nacimiento. Pero no son más que prejuicios de adultos que han crecido en esta 'sociedad desconectada' de nuestra naturaleza mamífera, que nada tienen que ver con la realidad. Si para el niño, el proceso del nacimiento es algo normal y simple, lo vivirá como algo normal y simple. Si sabe que su mamá es fuerte y capaz, confiará en ella; si percibe el embarazo como una enfermedad, le tendrá miedo. Si siente el parto como un proceso complicado, peligroso, y se le excluye, lo vivirá como algo que "es mejor no mirar, no sentir, no tocar". Y esos adultos cargados de prejuicios que se echan las manos a la cabeza, posiblemente, crecieron siendo excluídos y sintiendo que el parto era complicado y peligroso y sus madres enfermas que necesitaban de intervenciones médicas en todo momento (innecesarias si todo funciona con normalidad).
→ Sobre este tema y los prejuicios, los libros "El bebé es un mamífero" de M.Odent o "Nacer en casa" de Sheila Kitzinger, pueden ayudar a los adultos a comprender mejor y a abrir su mente.

Los niños son curiosos por naturaleza, y muchísimo más conectados con su 'yo interior' que la mayoría de adultos. Cuanto más pequeños son, menos miedos inculcados tienen (aunque también tienen menos capacidad de raciocinio, por lo que las explicaciones deberán ser más simples). Pero si nos tomamos la molestia de prepararles el terreno un poco, acorde a su edad, disfrutarán del acontecimiento y lo recordarán como el gran momento familiar y amoroso que debería ser siempre.
Por tanto, la mejor manera de preparar a un niño para presenciar un parto, es explicándole lo que va a suceder y transmitiéndole lo natural del proceso. Permitiéndole expresarse al respecto y resolviendo sus dudas. Sin forzar, dándole libertad de elección: si desea estar, permitírselo. Si prefiere estar en casa de unos amigos o familiares, dejándole ir también.
Nuestro hijo mayor estuvo presente en el nacimiento de su hermana. No sabíamos qué hacer con él, pero los profesionales que nos iban a atender en el parto nos recomendaron dejarle presenciarlo. Sólo entró para el expulsivo y tenía cerca de 5 años, pero lo vivió con una naturalidad tremenda. No sólo no quedó traumatizado, sino que años después, en el colegio, cuando tuvo que escoger un tema sobre el que hablar en clase de un momento especial de su vida, decidió hablar del nacimiento de su hermana.

Tengo la suerte de pertenecer a una gran Asociación y de haber hecho varios talleres "Descubriendo la maternidad" y disponer aun del fantástico material en casa. Así que lo primero, aunque mis hijos ya han tenido tres demostraciones del mismo, les hago una sesión particular en casa, incluyendo imágenes realistas, de todo el proceso del embarazo y parto. Os recomiendo encarecidamente solicitar o acudir a alguno de los talleres que hagan en vuestra ciudad.

Además, y como mejor ejemplo de lo que va a pasar, vemos la versión completa del vídeo del nacimiento de Abril. Esto es algo vital en nuestro caso, porque tenemos la suerte de disponer de una grabación familiar, pero si no se dispone de la grabación de un parto propio anterior, sería fantástico poder ver juntos fotografías del embarazo, el parto y el bebé que nació antes. Idealmente, también, deberíais estar familiarizados con el desnudo. Mamá ha de sentirse cómoda desnuda en presencia de los niños y para los niños no ser ninguna novedad. Si sois muy pudorosos, quizás es buen momento para un relajante baño familiar antes del parto.

Son varios los libros que nos pueden servir de ayuda para explicarles el proceso de la concepción, nacimiento y el parto a los niños. La mejor manera de abordarlo es con franqueza y naturalidad.

Imprescindible el visionado del documental "En el vientre materno", tanto para conocer el desarrollo del bebé intraútero y el parto como para realizar el seguimiento a la par que el embarazo de mamá. (Podéis comprarlo en Fnac.) 

Buscamos más vídeos en internet para verlos en familia. Todas las visiones y experiencias ajenas también sirven para hacernos una idea del proceso que vamos a vivir, porque como bien sabemos, cada parto es un mundo y ni aun siendo de la misma mujer, tienen por qué parecerse en nada.
Lo mejor, por tanto, es tener una visión y mente abiertas para acoger positivamente cualquiera que sea el desarrollo de éste parto, especial y único.

Es muy importante también que se integre en todo el proceso de preparación y acogida del bebé a los hermanos mayores. No se les debe excluir, se les debe hacer partícipes de la toma de decisiones (aunque decidan los padres, pero explicándoles las cosas y los cambios que sucederán), preguntarles su opinión, responder sus dudas, dejarles escoger alguna cosita, como algo de ropa o algún juguete para el bebé... También pueden ayudar a preparar todo el material que ha de estar disponible para el día del parto, explicando qué es cada cosa...
Hacer que coincida alguna de las visitas de la matrona a casa con ellos, para que puedan conocerla y hablar con ella, ver cómo actúa y familiarizarse con su presencia.
Es mejor no dejar ningún gran cambio para el momento del nacimiento. Por ejemplo, si la llegada del bebé va a suponer un cambio de habitación u otro cambio importante para ellos, es mejor hacerlo antes y acompañarlos durante el proceso cuando disponen de toda nuestra atención. La llegada de un nuevo miembro a la familia ya es en sí mismo todo un acontecimiento, por lo que conviene evitar cualquier otro cambio importante para no desestabilizar demasiado su día a día.

El día del parto, los niños han de disponer de una persona que pueda dedicarse en exclusiva a ellos. En nuestro caso, el papá va a ser partícipe del parto y la persona contratada quien se quede con los niños, pero pueden invertirse los papeles si es una opción más acorde a vuestra familia. Los tres requisitos que queríamos que esta persona reuniera son:
- Persona de confianza, alguien con quien los niños se sientan seguros y cómodos. Que no sea un extraño en el hogar y que pueda hacerse cargo de ellos y sus necesidades completamente.
- Tranquila, capaz de entretener a los niños sin alterarlos en exceso, de tranquilizarlos amorosamente y con juegos relajados si se alborotan demasiado.
- Informada. Alguien con conocimientos suficientes de todo el proceso del parto como para ser capaz de explicar con naturalidad y sin miedo qué está ocurriendo si les surge alguna duda.

Nuestra 'persona de confianza' se llama Anna, y aunque no contratamos sus servicios como doula, lo es. Además es pedagoga. A ella se le ocurrió también la fantástica idea de realizar, en uno de los encuentros que organizamos previos al parto, un 'plan de hermanos', una especie de 'plan de parto' adaptado a sus inquietudes, peticiones y preocupaciones de los niños, con una lista de ideas para hacer en el 'gran dia'. Con ese 'plan de hermanos' pudimos conocer qué se había quedado en el tintero de mis hijos, aclarar dudas y preparar las explicaciones oportunas. Además, hablar de ello sirvió para reforzar la relación entre Anna y los niños antes del parto.

Además de todo esto, y por pura logística familiar para facilitar los primeros días, dejamos hecha bastante comida congelada y claras nuestras intenciones a la familia y amigos, en lo que respectaba a las visitas durante el puerperio. También compramos un detallito para cada niño: nada complicado pero que a ellos les guste. En nuestro caso, manualidades para la niña y construcción para el niño, y se lo dimos cuando comenzó el parto para que pudieran entretenerse si el parto se alargaba y se acababan las ideas (algo poco probable, ¡con la lista de cosas que llevaban!. Es una bonita manera para ellos también de comenzar 'el viaje', un regalo nuevo siempre llama la atención y es un buen recurso para entretenerlos mientras llega todo el mundo (y de paso si es un parto rápido de esos que no da tiempo de llegar a nadie, ellos tienen una herramienta con la que poder evadirse si lo desean mientras el papá está por la mamá).


¿Qué tal vuestra experiencia? ¿Cómo lo hicisteis con los niños?
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viernes, 6 de junio de 2014

Los bebés no son como nos lo contaron, por Ileana Medina

Artículo publicado originalmente en la web Tenemos Tetas y cedido por Ileana Medina para ser publicado en este blog. ¡Gracias, Ileana, por tan sabias palabras!


No. Los bebés no son como nos lo contaron. A los bebés no les gusta dormir en cuna. Rodeados de barrotes. Presos en una jaula. No. Los bebés quieren dormir junto al cuerpo de su mami, calentitos, seguros, amparados, amados, tocados. No. Los recién nacidos no quieren siquiera estar en posición horizontal. Quieren dormir en tu pecho, en vertical, meciéndose al arrullo de tu corazón. En horizontal su digestión se ralentiza, vomitan, buchean, cogen cólicos, se asustan, se sienten vulnerables. No. Los bebés no se acostumbran a los brazos: ya nacen acostumbrados. Desde el principio saben bien lo que es bueno. No. Los bebés no duermen toda la noche. Se despiertan a cada rato. Para comer y para no comer. Para comprobar que estás a su lado y que los estás cuidando. Para cerciorarse de tu presencia, que es su seguridad. Para tocarte y olerte. No. Los bebés no quieren estar solos. No quieren perderte de vista ni un minuto, quieren estar junto a ti, en el centro de la vida. No. Los bebés no quieren jugar solos en un corral. Quieren jugar contigo, sonreír, ser atendidos, treparte por encima, gatear por el salón. No. Los bebés no quieren tomar leche de otra especie. Quieren leche de la suya, de la que sabe a mamá. No. Los bebés no quieren chupar todo el día un trozo de plástico. Quieren chupar tus pechos, sus manitos, tus dedos... piel humana. No, los bebés no quieren que los vistas, ni que les pongas tejidos picones, pendientes en las orejas, ropas apretadas, cintas, encajes y otras cosas molestas. Quieren estar desnudos, correr sin zapatos, disfrutar del tacto de la naturaleza en su piel, del piel con piel contigo. No. Los bebés no quieren estar quietos. Quieren que te muevas, que los mezas, los arrulles, que andes y pasees, y los lleves contigo. En cuanto pueden, quieren gatear, correr, saltar, explorar, llegar a todas partes... Sí. Los bebés son curiosos por naturaleza. Quieren y deben tocarlo todo. Incluidas esas cosas que más tú tocas: los mandos, los relojes, los teléfonos, los equipos informáticos...Su riqueza sensorial se desarrolla a partir de ahí. No. Los bebés aprenden lo que viven. Si siempre oyen "no", pronto a todo te dirán no. Si a todo tienes miedo, pronto a todo tendrán miedo. No. Los bebés no son alto-demandantes. Somos nosotros los bajo-tolerantes, los bajo-pacientes, los bajo-disponibles, los bajo-respondedores. No. Los bebés no quieren que los dejes. Quieren ir contigo a todas partes, eres su ejemplo, su seguridad, su referente, su único universo.

Te guste o no te guste, así son los bebés humanos, primates, mamíferos. Si quieres comprobarlo, tan solo ten uno. Ninguna otra especie desconoce y putea tanto a sus propias crías. Si queremos un mundo un poquito más humano, bien haríamos en comprenderlo.

No son como nos lo contaron. Son infinitamente mejores y más inteligentes. Cualquiera que ve a estas crías diría: ¡qué especie tan avanzada! ¿Y cómo se convirtieron en lo que hay?


Por Ileana Medina de "Tenemos Tetas"


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viernes, 2 de mayo de 2014

¿Para qué sirven los dientes de leche?

¿Para qué sirven los dientes de leche? Por Irene Iglesias Rubio, odontóloga.
Artículo cedido por la autora para ser publicado en este blog. ¡Gracias, Irene!


Los dientes de leche comienzan a salir a los 6 meses, a los 3 años deberían estar ya las 20 piezas en la boca. Se empiezan a caer sobre los 6 años. Durante varios años coexisten dientes de leche y definitivos, y sobre los 13 años ya está terminada la dentición definitiva, a falta de las muelas del juicio, que ni todas las personas las tienen, ni erupcionan siempre, y en todo caso son un tema aparte.
Hay mucha variedad estadística en esto, cuándo erupcionan es muy variable, asi que esas cifras no deben tomarse al pie de la letra.

Imaginad que no tuviéramos dientes de leche. Si salieran directamente los definitivos, no cabrían todos en la boca. Un niño de 3 años no tendría espacio para albergar nada más que incisivos y caninos. No podría masticar, moler la comida. Los niños se caen constantemente y se golpean la boca… si directamente erupcionaran los incisivos definitivos, no llegaríamos a viejos con ellos, seguro que antes nos los habríamos roto y habrían tenido que extraerlos o realizarles algún tratamiento…


No solo eso: los dientes de leche no solo son más pequeños que los definitivos, y se colocan espaciados en el hueso para posteriormente dejar espacio a los definitivos, más grandes. También por dentro son diferentes. Están menos mineralizados, tienen más contenido de agua, y la disposición de los minerales es distinta. El diente de leche es más “esponjoso”, más húmedo. El diente definitivo es más compacto. Puede pasar que un diente de leche se vea agredido de cualquier forma (caries, traumatismo). ¿Cuál es el método de defensa que tiene el diente para intentar seguir realizando su función a pesar de la agresión? Pues su estructura interna. Recordemos que un diente es una estructura viva, con capacidad de respuesta, con células vivas en su interior, en la pulpa. La pulpa no es solo “el nervio”: son también los vasos sanguíneos por donde se nutre el diente, y los que le dotan de su capacidad de reacción y defensa. Por tanto ante una agresión, la pulpa responde. Pero no responde con dolor, como pasa en el adulto. El diente adulto duele porque ya es la última oportunidad que tiene para hacerse notar, para que el individuo salve al diente: es su manera de decir “para, para, eso que haces no me gusta, tienes que dejar de hacerlo porque no es bueno para mí ni para ti”. Pero el diente de leche “sabe” que luego vendrá el definitivo a sustituirlo. Sabe que va a estar ahí por un tiempo limitado y va a aprovecharlo al máximo si puede, así que no duele. De hecho, cuando un diente de leche duele, por ejemplo porque tiene una caries grande, el dolor se produce porque el hueco es retentivo, y la comida que se queda ahí se aplasta sobre la pulpa, y eso produce dolor. Pero si se elimina la comida, el diente deja de doler.
También sucede con mucha frecuencia que tras una caída sin consecuencias aparentes, al cabo de muuuucho tiempo (semanas, meses, años), aparece como un granito de pus a la altura de lo que es la punta de la raíz de la muela o diente (una fístula), que ni los padres lo han visto,ni el niño se ha quejado. Se queja y duele si esa fístula se tapona y se forma un absceso, que es como una burbuja que se infla y desinfla con cierta regularidad. Rarísimamente sale un flemón como los que vemos a veces en adultos.
Cuando un diente es agredido y la pulpa se muere, el organismo va a intentar librarse de ese tejido muerto, que no debe estar dentro de una persona sana. Y menos dentro de un niño. El organismo del niño es más importante que su muela, y la biología actuará para preservar al niño aunque eso exija perder un diente. Entonces, las células, muy sabias ellas, se organizan. No necesitan un director de orquesta, ni un catedrático de odontopediatría, ni cinco másteres, ni productos-milagro. Hacen un caminito pim-pam-pim-pam: fabrican un túnel ellas mismas, tapizándolo, desde el interior del diente hasta el exterior. Un tubo colector por donde pasarán los residuos de pulpa necrosada hasta la boca, donde ya no generan ningún riesgo para el paciente. Eso es una fístula.
Si sigue habiendo caries, el tejido mineralizado del diente va a seguir destruyéndose, y el organismo lo va a expulsar: se van rompiendo trocitos de diente, que el paciente percibirá y escupirá. El resto de raíz que quede dentro también será destruido por el propio organismo y desechado convenientemente. Porque una cosa está clara: un diente en mal estado amenaza al definitivo. Entonces, lo prioritario para el organismo es que este niño enfermo se convierta en un adulto sano, y la biología le da esa oportunidad, defendiendo al germen del diente sano del de leche que se ha ido pudriendo y desechando. Así pues, lo que la biología dice es “adiós, diente pocho, adiós, vete cuanto antes y vete por donde no molestes, no eches tu porquería encima del diente definitivo que se está incubando ahí al lado”. De esta manera todo está orquestado para que el diente definitivo erupcione sano.
Ah, ¿Qué habéis oído que un diente de leche en mal estado puede afectar al definitivo? Sí, tan cierto como que después de una cesárea no puedes parir vaginalmente al siguiente niño, o tan cierto como que si eres estrecha de pelvis te tienen que hacer la cesárea. Lo que la bibliografía sí demuestra es que los traumatismos (un tipo concreto de traumatismo) sobre los incisivos de leche pueden lesionar irreversiblemente al germen del incisivo permanente.
Pero ¿qué es lo que vemos habitualmente en nuestra sociedad actual? Lo primero que vemos es un niño con un problema, y eso nos hace agarrar las riendas del asunto y llevar al niño al dentista, que es “el que sabe”. Y NO, el dentista NO es el que sabe. La naturaleza SÍ que sabe y lo demuestra. El dentista a veces comete la torpeza de en vez de ayudar a la naturaleza, enfrentarse a ella. Y normalmente la naturaleza es más sabia, más cabezona, y acaba ganando la partida, a su manera, claro está. Y el objetivo de la naturaleza no es un niño sano, sino un adulto sano. La niñez es un camino por el que hay que pasar, pero no es el objetivo. 


Entonces, el papá lleva al niño al dentista porque tiene un agujero en una muela, y hay que empastarlo. Hay que obturarlo, cerrarlo, taponarlo, tapiarlo… y lo único que conseguimos es emparedar las células que queden allí. Algunas muertas, otras a medias, otras vivas. Hay estudios que demuestran que donde hay una caries, limpias, como hacemos habitualmente los dentistas, con fresas, con líquidos, y dejas la cavidad lista para obturar. Y obturas. Luego cortas la muela en láminas finas, tiñes con las tinciones necesarias para ver al microscopio y ¿qué ves? Bacterias. Siempre quedan bacterias. Nunca consigues eliminarlas del todo. Nunca. Si al diente le queda poco tiempo en la boca porque le toca caerse más o menos pronto, si empastas, aguantará. Si el diente tiene que estar muchos años aún en la boca, las bacterias se reproducirán y ¿qué sucede entonces? Que ya no hay una comunicación desde el interior del diente hasta el exterior. Que le han plantado ahí un material que no hay quien pueda con él (el empaste). Por tanto todo lo que las bacterias se coman no tendrán por dónde desecharlo, se acumulará ahí y en un momento dado eso comienza a inflamarse e inflamarse… flemón. Flemón de los que deforman la cara, flemón de los que dan fiebre, flemón de los que asustan, y desde luego flemón que necesitará antibiótico. Porque hasta ahora no era necesario ningún antibiótico.
¿Entonces, quién ha puesto en riesgo ahí al niño? ¿Las bacterias? ¿La caries? ¿O el dentista? ¿Vamos a ser tan (póngase aquí algún adjetivo, que a mí no me sale) de pensar que el dentista, su sapiencia y conocimiento, su bienhacer y su destreza le han salvado la vida al niño cuando éste ya no podía ni abrir el ojo de cómo tenía eso de inflamado? Pues sí, de nuevo un ejemplo más de por qué los médicos deberíamos tener las manos atadas a la espalda.
¿Significa eso que no hay que hacer nada cuando un niño tiene una caries? ¿Qué ya la naturaleza se encargará de solucionarlo? No. Significa que tenemos que remar a favor de la naturaleza y no en contra. ¿Y cómo se traduce esto?
Pues primero comprobando si el niño tiene dolor. Si tiene, ver cómo se puede solucionar. Con analgésicos, con limpieza…. con escucha, con cariño (anda que no hay personas que lo que les duele es el alma, y creen que el alma está dentro de un diente: eso es somatizar). Si el niño tiene capacidad funcional o no: si come, vaya, si puede masticar. Si pronuncia bien. Si sonríe bien.
Si podemos, se empasta, sabiendo que NUNCA un empaste va a ser “definitivo” en un niño. Y menos aún en niños de menos de 4-5 años, donde tenemos dos inconvenientes: primero, que mantener quieto a un niño de esa edad el tiempo necesario para hacer técnicamente bien un trabajo es prácticamente imposible. Y segundo, cuando más pequeño es el niño, más tiempo le queda a ese diente para que se exfolie (qué bonito verbo, quiere decir “para que se caiga”), y más tiempo a las bacterias para reproducirse bajo el empaste y que éste fracase. Aunque se haga con anestesia general, el pronóstico no es tan bueno como un empaste en un adulto, por las propias condiciones de la boca, la humedad, los materiales idealmente diseñados para dientes adultos.
La OMS en todos estos casos recomienda lo que se llama Odontología Atraumática (lo podéis encontrar como ART: atraumatic restorative techniques o TRA: técnicas de restauración atraumática). Consiste básicamente en diagnosticar precozmente, remineralizar o detener la caries, limpiar con instrumentos manuales (sin “torno”), y obturar con materiales como el cemento de vidrio. Ahora, me queda la duda de si esto lo andan ya enseñando en las Facultades de Odontología…. En esas mismas donde la lactancia no tiene ni un capítulo de atención, ni una hora de clase en 5 años de licenciatura. En esas donde hay que saber el teléfono del Olimpo para hablar con los Dioses. Pero esa es otra historia….

 
En resumen: basándonos en los estudios disponibles (en los buenos, en los serios y en los bien diseñados) no hay una evidencia confiable que apoye la superioridad de un tipo de tratamiento para la pulpa de los molares de leche (han comparado Agregado trióxido mineral o MTA por las siglas, formocresol, que es un clásico hacie tiempo retirado del mercado en muchos países, y sulfato ferroso, y no hacer nada). No hay conclusiones sobre cuál es el tratamiento óptimo debido a la escassez de estudios confiables. Se necesitan más estudios y bien hechos.


Más información:
Cochrane Database Syst Rev. 2003;(1):CD003220.
Pulp treatment for extensive decay in primary teeth.
Nadin G, Goel BR, Yeung CA, Glenny AM.

 

Irene Iglesias 



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