Mostrando entradas con la etiqueta PUERPERIO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PUERPERIO. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de julio de 2015

¿Cómo se asiste un parto en casa? (II)


EL ALUMBRAMIENTO
El alumbramiento no es sinónimo de parto, sino la etapa de éste en que, una vez nacido el feto, se exoulsa la placenta y las membranas que forman el saco amniótico.
El alumbramiento se produce por medio de contracciones uterinas y suele tardar de 15 a 20 minutos,desde la expulsión fetal porque el utéro tiene que recuperarse, de la fatiga del parto y adaptarse a su nueva dimensión.
Antiguamente se pensaba que la permanencia de la placenta dentro del útero era peligrosa porque tenía vida y movimiento propio y podía trasladarse por el organismo, llegar a órganos vitales y provocar la muerte. Si pasados unos minutos no salía, había que sacarla, aunque no se recomendaba hacerlo tirando del cordón umbilical porque ya se sabía que ello podía provocar una inversión uterina, sino que metían la mano dentro del útero y arrancaban la placenta de su inserción, rascando poco a poco. Hasta que el célebre cirujano inglés José Lister (1827/1912) publicó su libro: "Cirugía antiséptica y Teoría de los Gérmenes", supongo que la infección puerperal sería la natural consecuencia de las maniobras para lograr el desprendimiento manual de la placenta, porque los guantes de goma no se inventaron hasta 1898.
Ahora nos horrorizamos de las técnicas obstétricas de antaño, pero, a veces me pregunto qué pensarán las gentes de los siglos venideros de las modernas técnicas actuales.
Yo he asistido la mayoría de los partos a domicilio, entre clientela modesta y sola, aunque tenía la opción de consultar al tocólogo o acompañar a la parturiente a un lugar donde pudieran resolver, con las debidas garantías, cualquier problema obstétrico. Además de numerosas Maternidades, esto es, clínicas especialmente dedicadas a la obstetricia, donde, para más seguridad en la asepsia no se admitían mujeres verdaderamente enfermas, aunque se llamaba "enfermas" a los parturientes y a las puérperas, yo tuve en honor de inaugurar, en la calle Montesa de Madrid, al principio de los años 50, el "Equipo Tocoginécologico Municipal de Urgencia, número 1", al que siguieron, al poco tiempo, otros dos "Equipos", números 2 y 3, en distintos barrios de Madrid, donde un plantel de especialistas, reclutados mediante oposición, solucionaban de manera rápida y eficaz, cualquier caso obstétrico difícil, para lo cual se contaba con medios y experiencia suficientes.
Entonces era fácil asistir partos en casa porque nos sentíamos respaldadas por los conocimientos que habíamos asquirido en una "Escuela Especial, por nuestro título y nuestro Colegio Profesional independiente, por el consenso de una población la de comadrona era una profesión libre, reconocida como benemérita y necesaria y, en último término, Centros donde especialistas muy cualificados, nos ayudaban a resolver dificultades, actuando, mayoritariamente, como maestros y no como críticos.
No hay más remedio que reconocer que la Sanidad Oficial Española,
que suprimió, ilegalmente, de un plumazo, una profesión legalmente establecida y el derecho de la mujer a parir naturalmente, lleva camino de conseguir sus propósito de convertir el parto en un acto médico y, cada vez con más frecuencia, quirúrgico porque parir en casa hoy es rarísimo y muy arriesgado porque ni la mujer ni la matrona están preparadas para ello.
La embarazada está archiconvencida de que el parto es una grave enfermedad, de que tanto ella como su bebé corren un gran peligro, del que sólo pueden salvarse en un gran hospital, entregandose en manos de un numeroso Equipo que dispone de drogas, máquinas, instrumentos e intervenciones para sacarlas del atolladero. Una propaganda machacona, desaforada e inexacta se lo ha hecho creer así. El embarazo, lejos de ser, como en el pasado, "un don de Dios", se ha convertido en la tremenda amenaza de un peligro que fatídicamente llegará. No es extraño que la pobre embarazada llegue aterrorizada al parto, sumisa y obediente a mandatos que, no sólo van a salvar su vida, sino también la de su hijo y vaya al hospital con la idea de que es esa la "única solución posible", de que la Seguridad Social no financia el parto en casa porque no es recomendable parir naturalmente.
Las escasas embarazadas que, amparadas en el ejemplo de sus madres y abuelas, así como en los casos de gentes sin hogar o emigrantes que dan a luz solas, sin asistencia alguna porque ya no hay Maternidades ni "Equipos" donde las mujeres sin recursos puedan dar a luz, lleguen a pensar que el parto no debe ser tan peligroso como dicen, que "no es tan fiero el león como lo pintan", osen quedarse a parir en casa, contando con ella y con una familia y unos medios que le permitan sufragar los gastos de "un parto de lujo", según criterio oficial, no serán consideradas como gente normal, sino, según las opiniones, como heroínas y émulas de aquellos primeros cristianos que se dejaban devorar por las fieras en los circos romanos o como fanáticos paganos que sacrificaban a sí mismos y a sus hijos, a crueles ídolos en que que creían a pie juntillas.
Yo que siempre he considerado el parto como un acontecimiento fausto, que siempre he acudido a asistirlo con alegría, fuera cual fuere la forma en que hubiera de verificarse y las consecuencias que el nacimiento fuera a tener, a veces siento una gran preocupación por mis modernas colegas, por quienes han sentido, como yo, el gusanillo de ayudar al prójimo y de ponerse de parte de la verdad, por encima de todo.
La verdad es que el parto es la consecuencia, la última fase del proceso de reproducción vivípara, mucho más complicado y con más motivos de dolor y de peligro en las etapas anteriores, en las que no duele y la embarazada no tiene más dolor que la preocupación de que ha de llegar, inexorablemente, el temido parto y lógica, razonablemente, no se le debía tener miedo, pero la matrona que se arriesga a asistir partos a domicilio, es como si se colocara fuera de la Ley, como si el parto en casa fuera un contrabando.
Acaso sobre ella penda, también, la tremenda "espada de Dámocles" que lo hace sobre la cabeza de cada embarazada, aquel "lo que pueda pasar", el pánico cerval a algo que no se sabe lo qué es, pero algo terrible que puede pasar en casa y que nunca ocurrirá en el hospital.
Creo que yo no sería capaz de asistir correctamente al parto en un ambiente como en el que posiblemente lo hacen mis indefensas, mis desvalidas colegas a quienes siempre he querido, admirado y defendido.
Comprendo que hayan tan pocas matronas que asistan partos en casa, que tengan miedo de hacerlo porque si sucediera "lo que puede pasar" que, a juzgar por el miedo que inspira, debe ser una hecatombe. La pobre matrona que asistió el parto no tendría defensa posible, porque la embarazada que no quiera parir en el hospital, bien porque no lo juzgue sitio aparente para ello o porque esté convencida de que el parto es un acontecimiento íntimo y natural que debe realizarse en un marco adecuado, tiene la solución de parir en una clínica privada en la que "lo que pueda pasar" sea casi imposible y en la que, si por verdadera casualidad, algo indeseado pasa, la responsabilidad no será de la matrona porque ella cumplió con su deber al prestar sus servicios en un establecimiento y no como profesional libre.
Ha sido pensando, en que matronas como yo, puedan verse en dificultades y en apuros por lo que me he decidido a explicar qué es lo que hacía yo, cómo asistía los partos, cómo evitaba las complicaciones y solventaba las dificultades.
No se me oculta que la situación ha cambiado, que a veces, parece como si viviéramos en otro mundo en el que muchos "tabús" y también muchos valores han desaparecido y no se sabe aún si una cosa compensa a la otra. El parto, la madre, los hijos, la familia, la casa, etc. etc., ya no tienen las mismas connotaciones que antes, ni las personas tenemos las mismas categorías, los mismos conceptos rígidos, en los que se apoyaban las diferencias.
Hace muchos años, Carlos Gardel popularizó un tango que decía "Siglo XX, cambalache problemático y febril...." Lo conservo todavía en mi memoria y me parece que fue profético, sobre todo en la segunda mitad del Siglo XX, en la que parecía que todo lo aprendido, todo lo probado y experimentado, no valía para nada en un mundo nuevo en el que el dinero y una "ciencia" moderna, en manos de unos pocos ambas cosas, sean los señores feudales de hogaño y el resto de los mortales seamos sus siervos, sometidos, sin remedio, a sus leyes y mandatos.
No obstante, por si a alguna colega pudiera servirle de algo, voy a explicar cómo se produce, fisiológicamente, el alumbramiento y de qué manera me las ingeniaba yo para acelerarlo y evitar sus posibles retardos, molestias y peligros.
Yo sabía que la placenta estaba fuertemente adherida a la pared uterina por innumerables venas y arterias, que se comunicaban con el feto por medio del cordón umbilical para hacerle llegar el oxígeno y los nutrientes necesarios para su desarrollo y su crecimiento y retirar de la sangre fetal los productos de desecho para que, recogidos en la placenta, el sistema venoso de la madre se encargase de eliminarlos. Que la placenta se había formado espontáneamente, a costa de las vellosidades coriales que habían logrado inserirse en la mucosa uterina, especialmente preparada para ello durante la fase foliculínica del ciclo mensual de la mujer en edad fértil, sabía que su formación y desarrollo se verificaba a protegida por la progesterona que el propio organismo de la embarazada se encargaba de producir y, por último sabía que la placenta había sustituído al alantoides, cuando el embrión se había convertido en feto, para mayor garantía del desarrollo y crecimiento de éste. También sabía que, una vez nacido el feto, el papel de la placenta era ya inútil y el organismo de la madre se desprendería por sí mismo de ella. Desde luego, las matronas antiguas sabíamos muchas cosas que modernamente se consideran inútiles, para que las conozcamos, ni nosotras ni la embarazada.
El "vicio" de pensar que me inculcó mi madre a muy temprana edad, me incitó a enterarme de que modo y manera que desprendía el itero de la ya inútil placenta, una vez nacido el bebé.
En los libros de obstetricia aprendí que el útero se libraba de la placenta por uno de estos dos mecanismos:
  • a)Tipo Schultze. en el que la placenta empieza a desprenderse por la parte central, permaneciendo adherida al útero por los bordes. La sangre procedente de los vasos rotos forma en el interior del útero, en el centro de la placenta el llamado coágulo retroplacentario, cuyo peso hace que la placenta complete su desprendimiento, desde el centro hacia los bordes, poco a poco, sin violencia ni intervención ajena. La presión o masaje abdominal sobre la recién parida, no sólo es inútil para el alumbramiento, sino perjudicial, pues puede deshacer el coágulo o fraccionarlo, restando o impidiendo su acción de "peso" que es lo que contribuye, eficazmente, a finalizar el desprendimiento total. Este tipo de alumbramiendo es el más frecuente y no produce hemorragia porque al seguir la placenta pegada por sus bordes, la sangre que brota de los vasos rotos, no sale, sino que contribuye a engrosar el coágulo ya formado, así como su peso, influido por la fuerza de gravedad, obliga a la placenta a caer en la vagina y a salir, espontáneamente, por su cara fetal y arrastrando en su caída a las membranas, a las que está pegada.
  • b) Tipo Duncan. La placenta empieza a desprenderse por un borde. No se forma el coágulo retroplacentario, sino que la sangre que brota de los vasos rotos, en el punto donde empezó el desprendimiento, resbala por la vagina y sale, más o menos abundante, al exterior. Al no formar el coágulo, falta la eficaz acción de su peso contribuyendo al desprendimiento y caída de la placenta y las membranas, hace que este tipo de alumbramiento sea más lento y vaya siempre acompañado de hemorragia, lo que, a veces, obliga al obstetra a intervenir, casi siempre con la maniobra conocida como de Credé, para acelerar y completar el desprendimiento.Tanto en un tipo de alumbramiento como en el otro, el desprendimiento y expulsión de la placenta y las membranas se efectúa por medio de contracciones y es digno de tenerse en cuenta que, cuanto más suave y natural haya sido la dilatación, menor cansancio y más energía conservará el útero para realizar la actividad cuntráctil que aún debe llevar a cabo, después de nacimiento, tanto en el alumbramiento, como en la formación del globo de Pinard y la evolución puerperal del útero.Sería deseable que la ecografía pudiera darnos datos útiles y precisos sobre la zona de inserción de la placenta. Se presume que si la placenta está insertada en el fondo del útero, su desprendimiento será del tipo Schultze y el alumbramiento sencillo, sobre todo si la mujer no permanece durante el mismo, en decúbito supino y no habrá hemorragia previa. Sería muy útil saber de antemano cómo se presentará el alumbramiento para poder obrar en consecuencia.
Una vez expulsada la placenta, es conveniente examinarla para comprobar la integridad, tanto de ella, como de las membranas.
Si el alumbramiento ha sido del tipo Schultze, es casi seguro que la placenta esté integra y, a veces, ni siquiera es necesario lavarla para cerciorarse de ello. Basta ver que los cotiledones conservan su forma intacta y que la superficie que estaba adherida al útero, presenta un brillo como un barniz azulado. Hay que fijarse muy bien en cada detalle para evitar durante el puerperio, sorpresas desagradables. Una pizca insignificante de tejido placentario, puede proliferar y no sólo retrasar y dificultar la involución uterina postpartum, sino provocar graves metrorragias. Esto es algo de lo mucho que aprendí de mi paso por el Equipo Ginecológico Municipal de Urgencia, de Madrid.
No me acuerdo dónde ni cuando leí que la succión de la mama producía contracciones uterinas y como no veía en ello ningún peligro, a la primera ocasión me decidí a probarlo. Apenas el recién nacido iniciaba, de modo espontáneo su respiración, yo se lo entregaba a la madre, sin siquiera cortar el cordón, operación que no es tan urgente como el vulgo cree, sino que es preferible esperar a que la respiración se instaure y la circulación umbilical cese, ayudándola a que se lo pusiera al pecho. En cuanto el recién nacido empezaba a mamar, la madre tenía contracciones uterinas y la placenta se desprendía y salía, sin ningún problema. Verefique este recurso innumerables veces y nunca me falló ni tuve utilizándolo ningún problema y os aconsejo que lo probeis porque no tiene contraindicación. Al recién nacido le beneficia, por varios motivos, que sea el calostro materno lo primero que ingiera al nacer y, tanto a él como a su madre, ese primer encuentro les será más beneficioso cuanto más precoz sea.
Una ver realizado el alumbramiento, se suele producir rápida y espontáneamente, una fuerte y persistente contracción uterina que da lugar a la formación del llamado Globo de seguridad de Pinard. A través de las cubiertas abdominales, se puede apreciar el útero, convertido en una pelota dura, reducido de tamaño y con tendencia a desplazarse.
En la asistencia domiciliaria al parto es muy importante, no sólo que la puérpera y su familia se queden contentos y satisfechos del servicio que les hemos prestado, sino que no tengan que volver a llamarnos urgentemente y para evitarlo, en vez del clásico Methergin, que no quería usar porque su acción es dolorosa y, a veces, no completamente segura, yo prefería colocar un peso sobre el globo de Pinar para que éste no se desplazase, recomendando a la puérpera que lo conservase en su sitio para evitar que el globo se desplazase y, sobre todo que subiera por encima del ombligo en las próximas seis u ocho horas, con lo cual yo me iba a casa tranquila y segura de que la retracción uterina sería la normal, sin tener que hacer pasar a la mujer por el desagradable tributo de los "entuertos".

CUIDADOS DEL PUERPERIO
Una de las muchas ventajas del parto en casa consiste en que la misma persona que ha asistido al parto, puede cuidar y vigilar los primeros días del puerperio, lo cual asegurará una recuperacón óptima de la recién parida y la solución de una serie de pequeños problemas que desconocidos o no remediados, pueden agrandarse.
El parto es una función normal y no tiene porqué dejar secuencias, pero siempre habrá sido un trabajo físico extraordinario del organismo y un trance muy importante en la vida de la mujer que forzosamente habrá impresionado su psique.
Una vez acabado el parto, la idea predominante era que la mujer estaba cansada y debía dormir. Para ello se sacaba al bebé de la habitación para que no molestara y la mamá pudiera descansar, pero también existía la regla opuesta, que la puérpera no debía, dormirse, ya que durante el sueño podría tener una hemorragia y no enterarse.
Mi opinión, fruto de una larga experiencia, es que la hemorragia postpartum es perfectamente previsible y consecuencia del mismo y, por lo tanto, se puede decir que ni tanto ni tan calvo. Según como haya transcurrido el parto, se puede dejar a la puérpera que eche un sueñecito y someterle a una más o menos rígida vigilancia. En esto como en todo lo demás, es ella quién decide. Es muy raro que después de un parto transcurrido con normalidad, la mujer concilie el sueño, sobre todo si se trata del primer hijo, porque la emoción, la alegría de ser madre son tan grandes que se lo impedirán. Lo normal, lo corriente es que el bebé se haya quedado dormido, mamando y que la madre contemple, extasiada, como duerme su niño plácidamente. Es una equivocación separar al niño de su madre, apenas nacido. En los primeros días de su vida, el bebé debe estar lo más cerca posible de su madre, porque acaba de separarse de ella y ambos se necesitan el uno al otro.
Durante el puerperio, la mujer debe ir recuperando, poco a poco, su vida normal. Debe levantarse de la cama al día siguiente y atender, por sí misma a su higiene personal. Creo preferible la ducha al baño, porque la vulva y vagina habrán quedado flojas y entreabiertas y el agua del baño podría introducir gérmenes. La vagina tiene sus propias defensas, principalmente a cargo de los bacilos de Doderlein, pero es preferible no exponerse a ningún riesgo.
En mi época de actividad, las matronas teníamos la obligación de visitar a la puérpera hasta que el bebé "daba el ombligo" y en estas visitas yo aprendí mucho, suprimí algunas tareas e introduje otras nuevas. Por ejemplo, creí innecesario que fuera la matrona quién lavara los genitales a la mujer y quién hiciera la cama. En cambio, la enseñaba a lavarse sola, con agua a la temperatura del cuerpo, sin necesidad de hervirla, añadiéndola una cucharadita de sal. El lavado se debía hacer poniendo el agua en una jarra grande de cristal, sentándose del retrete y dejando caer el agua, de arriba a abajo, de forma que escurriera de la vulva al ano, siempre agua limpia y secarse igualmente de la vulva al ano, con una toallita bien limpia. Les recomendaba lavarse así cada vez que se cambiasen la compresa higiénica, cosa que debían hacer a menudo. Les explicaba el porqué de los loquios y de su cambio de aspecto y cantidad, conforme avanzaba el puerperio.
Vigilaba atentamente la altura, tamaño y consistencia del útero, para deducir como se estaba verificando la involución uterina, con intención de comunicar al tocólogo cualquier anormalidad que observase. Examinaba los loquios, los senos y los pezones, para asegurarme de su normalidad. Enseñaba a la mamá novata a dar el pecho, a curar el ombligo, a bañar y a vestir al niño, luchando denodadamente por desterrar supersticiones e ideas equivocadas sobre el bebé y su crianza.
Era un engorro tener que ir cada día a visitar a las puérperperas, por aquellos andurriales que eran los barrios de mi zona, pero creo que valía la pena y que era una tarea útil convencer a la mujer de que, después del parto, ella no era una convaleciente ni una inválida, sino una mujer sana y capaz de asumir las obligaciones que su nuevo estado de madre le acarreaba conseguir que lo hiciera con alegría, pericia e inteligencia, sabiendo cómo se hacían las cosas y por qué, valiéndose de sí misma.

COMO Y CUANDO CORTAR EL CORDÓN
Durante su vida intrauterina, el feto no respira, su sangre es arteriovenosa y el oxígeno y los nutrientes que su organismo necesita los obtiene de la sangre de la madre, a través del cordón umbilical. Para asistir el parto en casa, la comadrona debe saber cómo y cuándo cortar y ligar ese cordón para obtener los mejores resultados.
Yo estudié la carrera de matrona para investigar por qué dolía el parto, un dolor que me parecía completamente injusto y desproporcionado, para el que no se daba ( y sigue sin darse) explicación alguna. Satisfecha, en 1955, mi curiosidad sobre este punto, surgieron otras muchas preguntas, todas relacionadas con el embarazo y el parto, entre ellas el papel del cordón umbilical, porqué deja de latir, cuando y como se debe cortar y ligar.
El cordón umbilical es el nexo que une, que liga al nuevo ser con su madre. Se forma muy prematuramente y, mucho antes de que el embrión se convierta en feto, sustituye a la vesícula umbilical y a la alantoides en la tarea de proporcionar al nuevo ser, transportándolos desde la placenta, los elementos necesarios para su desarrollo.
Se compone de dos arterias y una gruesa vena, envueltas y protegidas por una masa elástica y resbaladiza de color blanco nacarado, con reflejos azules que transparentan sangre contenida en sus vasos, conocida como la gelatina de Wharton. El cordón umbilical tiene una longitud aproximada de 57 cms y un diámetro de 12 a 20 mm. El mejor momento de cortarlo es cuando ya ha dejado de latir. ¿Cuándo y por qué deja de latir el cordón? ¿Cómo afecta este hecho al recién nacido? ¿Qué cambios ocurren, entonces en su organismo?
El cordón deja de latir cuando el recién nacido empieza a respirar y al hacerlo, el bebé ha inundado de aire sus pulmones, el oxígeno del aire puede pasar directamente a la sangre del bebé, ya no es necesario transportarlo desde la placenta al feto. El cordón umbilical deja de latir, de funcionar, cuando ya no pasa por él una sangre oxigenada que el bebé ya no necesita, porque sabe oxigenar automáticamente, su propia sangre.
El recién nacido debe empezar a respirar de manera espontánea y suavemente. Por fortuna se han superado los tiempos en los que al recién nacido se le depositaba sobre una superficie dura y fría y se le azotaba para provocar su llanto y con él, la respiración, ahora se le suele dejar, por lo menos a los nacidos en casa, sobre el mórbiso y cálido abdomen de la madre y es de sentido común que, por bien asistido que haya sido el parto, el nacimiento debe ser, para el recién nacido, un trance bastante desagradable.
No debemos olvidar, el brusco y drástico cambio que sufre el feto al convertirse en recién nacido. El feto estaba flotando en el vacío, rodeado de un líquido suave y resbaladizo, a la temperatura justa y siempre igual, sin estar sujeto ni agarrado a ningún sitio, protegido de la luz, del aire, del ruido, mecido por los movimientos de la embarazada y arrullado por el tictac del corazón materno. Al final del embarazo ha terminado ya de autoconstruirse, no tiene otro quehacer que esperar el parto, ejercitando, de vez en cuando, sus miembros para comprobar si serán capaces de funcionar.
Suponemos que no sabe qué es el mundo ni lo que le va a pasar en él, pero lo que le pasa, nada más nacer es que el peso de la atmósfera, "aplasta" su frágil cuerpecito, que manos duras le agarran, que el aire penetra con violencia en sus bronquios, expandiendo por fuerza los pulmones colapsados, que el frío, la luz y el ruido salen a su encuentro, como fieras feroces dispuestas a devorarlo.
Lo menos que humanamente se debe hacer con un recién nacido es dejarle que empiece a respirar él solito, poco a poco, sin forzarle a hacerlo. Yo he comprobado, no una, sino muchas veces que los fetos nacen solos, que saben, por instinto, como colocarse para salir, igual que lo saben los demás mamíferos y que también saben empezar a respirar y a mamar porque les va la vida en ello.
Mientras el cordón late, no debe haber prisa por cortarlo, pues el aporte de oxígeno está asegurado por ese latido que quiere decir que la sangre sigue pasando. Cuando deja de hacerlo y el cordón se queda pálido y flácido, es el momento oportuno de hacerlo. Yo lo pinzaba con dos Kockher, cortaba entre ellas e impulsaba con un masaje suave la sangre que quedaba en la parte del cordón unida al feto, para que éste aprovechara de ella, hasta la última gota.
Ya mayor, con bastantes años de profesión a las espaldas, aprendí, en Roma, en donde tuve que refugiarme para encontrar un trabajo como matrona porque, después de saber porqué dolía el parto y cómo evitarlo, yo no quería cambiar de profesión, como ligar un cordón, mejor de como se hacía en Francia y en España, donde se usaba para tal fin cordonete estéril que venía, dentro de una ampolla, con el "trousseau" de parto que proporcionaba el SOE o se compraba en la farmacia. La única prevención para que el bebé no tuviera ninguna complicación era que el cordonete fuera estéril, fuera de este requisito, la matrona era libre de ligar en cordón cómo quisiera y yo, que siempre he pecado de perfeccionista, me cambiaba de guantes y dejaba el muñón lo más pequeño y vacío de sangre posible para evitar que se convirtiera en algo maloliente y desagradable de ver.
Pero, raras veces, la capa de gelatina de Wharton es más abundante y el cordón más grueso y más blando y hay peligro de lesionarlo si se aprieta demasiado al ligarlo. Con uno de esos cordones tropecé en Roma, trabajando en la conocida y famosa Clínica Guarnieri asistiendo a una cliente privada de muchas campanillas. Naturalmente, cuando la gelatina empezó a desecarse y el volumen del cordón disminuyó, el ombligo empezó a sangrar y la puérpera armó gran revuelo, creyendo a su bebé en peligro de muerte. El doctor Scarpinatti, que era el Director, tranquilizó a la mujer, diciendo ni más ni menos que la verdad del caso, que esa sangre estaba fuera de la circulación fetal, que era una ínfima cantidad y que al niño no le pasaría nada, pero a mí me llamó a su despacho y me dijo que preguntara a mis colegas cómo ligaban ellas el cordón y que aprendiera a hacerlo, a lo que yo no tuve nada que objetar.
Me llevaba muy bien con todas, eran muy expertas y sabían que yo no había tenido culpa alguna en el incidente, que había sido debido a que se había aflojado, al secarse la gelatina, la ligadura del cordonete y me amablemente se prestaron de buen grado a enseñarme lo que hacían ellas.
Vaciaban, igual que hacía yo, la sangre del muñon y hacían una primera ligadura cerca del ombligo y luego doblaban en muñón sobre sí mismo y lo volvían a ligar de nuevo, pero el "intríngulis" de la operación consistía en que, en ligar de cordonete, utilizaban un arito de goma, por supuesto esterilizado, el cual, conforme se reducía el cordón al secarse, conservaba, inalterable la presión sobre el mismo. ¡Fué el gran descubrimiento, sobre todo para los partos a domicilio! El cordón no olía, su aspecto era más estético y, sobre todo, se secaba y se caía mucho antes. A mi regreso a España quise comunicarles el hallazgo a mis colegas de Maternidad, algunas de las cuales, aceptaron probar el invento, hasta que uno de los médicos ayudantes prohibió que se utilizase la goma "porque siempre se había usado el cordonete" lo que no impidió que fuera sustituido por la voluminosa y supongo que molesta pinza de plástico.
La bárbara costumbre de azotar al recién nacido, además de cruel era perjudicial, pues el llanto provocaba una fuerte inspiración que podía arrastrar gérmenes al delicado árbol bronquítico del recién nacido. Mi experiencia de muchos años es que hay que esperar, atenta y pacientemente a que el cordón cese de latir, cuando el bebé respire, poco a poco, sin necesidad de pegarle ni de atosigarle.
Únicamente, una vez nacida la cabeza, hay que cerciorarse si el feto tiene o no vuelta o vueltas de cordón al cuello, caso bastante frecuente, pues el cordón se forma muy precozmente y el menor tamaño del feto, antes del tercer trimestre de embarazo, puede dar lugar a que se enrede con él.
Si la longitud del cordón lo consiente, la vuelta alrededor del cuello estará floja y éste se podrá sacar, como una cadena o un collar, por encima de la cabeza, pero si está apretado o la vuelta es doble, lo mejor será cortarlo,entre dos pinzas, porque es muy arriesgado que el bebé nazca con una vuelta de cordón al cuello, que podría ahorcarle.
La sangre es un elemento vivo y precioso que no se debe desperdiciar y ese es otro de los motivos para no seccionar un cordón que aún late. Si en un parto a domicilio se hace así, saltará un chorro de sangre que impresionará desagradablemente a los presentes.
La mayoría de los partos los asistí a domicilio como era costumbre y no dejé de combatir la superstición, muy extendida, de que el ombligo no se podía mojar. Les enseñé a las puérperas a quitar la gasa sucia, sin molestar al bebé y a sustituirla con otra limpia, empapada en alcohol, cada vez que fuera necesario y envolviendo el muñón con otra gasa seca para que el alcohol no irritara la delicada piel, sujetándola con una vendita de gasa que dejara pasar el aire. Les aseguraba que el resto de cordón era una zona muerta y que no había peligro en tocarla, eso si, con la precaución de tener las manos y las uñas limpias.

LA BOLSA DE LAS AGUAS
Es un saco membranoso, transparente y elástico, compuesto por dos capas, la interna, llamada amnios y la externa, corion, que se forma alrededor del embrión, para proteger la formación, desarrollo y crecimiento del mismo, así como su transformación en feto y tiene dos misiones que cumplir, una pasiva, durante el embarazo y otra activa, en el parto, en el cual desempeña un papel muy importante. Está llena de un líquido suave y resbaladizo, compuesto de agua salada, con pequeñas cantidades de albúmina y una temperatura estable. La cantidad de líquido suele ser proporcional al tamaño del feto, para permitirle movimientos que no son hechos por casualidad, al buen tutún, sino que obedecen a un plan, tanto de desarrollo y ejercicio de los miembros ya formados, como de aprendizaje de las diversas posturas, no sólo necesarias, sino imprescindibles, con vistas al parto. Está herméticamente cerrada, como la cáscara de un huevo y al fruto de la concepción, que flota dentro del líquido contenido en ella, no puede llegar ningún elemento extraño que lo perturbe.
Durante en embarazo, la bolsa de las aguas va creciendo y aumentando su contenido líquido, al mismo tiempo que lo hacen el embrión y el feto, asegurando un espacio suficiente para el desarrollo del nuevo ser.
Lo normal es que la bolsa se rompa, espontáneamente, bien avanzado el periodo de dilatación, pero a veces se rompe antes y se llama rotura precoz cuando ocurre sin que la dilatación haya comenzado y prematura cuando la dilatación está en marcha, pero aún no es completa. La costumbre rutinaria de romper la bolsa para acelerar el parto está completamente injustificada, pues ésta se suele romper, por si sola, en el momento oportuno, cuando la resistencia de las membranas es menor porque al ser mayor la dilatación, también lo será la porción de bolsa inserta en el orificio cervical a costa del adelgazamiento y de las membranas.

PAPEL ACTIVO DE LA BOLSA
Cuando el cérvix, o cuello del útero, ha desaparecido y ya no pende dentro de la vagina, sino que sus fibras se han incorporado al segmento inferior del útero, condición indispensable para que la dilatación empiece, el canal cervical se ha convertido en un pequeño orificio, a través del cual, empujada por las contracciones uterinas, una pequeña parte de la bolsa, gracias a su elasticidad, puede insinuarse. A cada contracción, el útero disminuye de tamaño y el líquido de la bolsa, que no puede hacerlo, toma presión y busca salida. Entonces, el líquido contenido en la parte de la bolsa que se introdujo en el orificio del útero, toma presión, expande las membranas que lo contienen y agranda el orificio, circularmente, es decir, que el líquido contenido en la bolsa de las aguas es uno de los tres agentes gracias a los cuales se efectúa la dilatación, a saber:1º.- Las fibras musculares uterinas que tiran, de abajo a arriba.
2º.- El peso del huevo que, debido a la fuerza de gravedad de la Tierra empuja, de arriba a abajo.
3º.- El líquido amniótico contenido en la parte de la bolsa que precede al resto y que, presionada por las contracciones, agranda el orificio alrededor.Es muy importante que la bolsa se conserve íntegra durante la dilatación, pues colabora de manera muy suave y eficaz a ella, ya que, con su concurso se consigue una dilatación simétrica, evitando la formación del antipático y tradicional reborde cervical que tanta guerra daba a las matronas y tanto dolor inútil a las parturientas.

ROTURA INTEMPESTIVA DE BOLSA
El pronóstico de una rotura intempestiva de bolsa no es siempre el mismo. El líquido amniótico se considera dividido en dos zonas, se llaman aguas anteriores a la parte de liquido situada debajo de la presentación, que saldrán antes del feto y aguas posteriores a las que saldrán al mismo tiempo. Lo corriente, lo normal es que salgan únicamente las aguas anteriores y que la presentación fetal impida que salgan las posteriores obturando el canal del parto, con lo que el feto y su cordón umbilical pueden continuar flotando en ellas, hasta el final del parto. También puede suceder, aunque raramente, que haya líquido, entre el amnios y el corión y que el corión se rompa, mientras el amnios permanece íntegro y entonces, el embarazo prosigue como si la bolsa no se hubiera roto y el parto se produce a su debido tiempo. Yo he asistido más de un parto en los que eso ocurrió sin que ello causara deterioro ni complicación alguna.
¿Qué hay que hacer cuando un parto en casa comienza con la bolsa amniótica rota previamente? Es muy importante estar seguras de a que altura están de su evolución está el parto y del estado del feto. Un signo de alarma es que el líquido que fluye no sea limpio, con un olor peculiar que recuerda el del semen, sino turbio, espeso, verdoso o con mal olor. Esto no quiere decir que haya ocurrido o vaya a ocurrir una desgracia, pero hay que asegurarse de que el feto está bien, de que ha logrado recuperar un período de sufrimiento, debido a causas que debemos investigar.
Hay que recordar que nunca sale todo el líquido antes del parto y que suele quedar suficiente como para garantizar la supervivencia del feto, pero la asistencia en casa, de un parto que empieza con bolsa rota siempre debe ser más cuidadosa. El peligro de infección es, en ella muy remoto, aunque el ambiente no sea perfecto desde el punto de vista de la higiene, porque la parturienta vive, está aclimatada a él y tiene anticuerpos como para defenderse, aunque hay que tomar ciertas precauciones, en algunos casos.
En la mayoría de los casos, lo que complica un parto con aguas rotas es la impaciencia, pues como casi siempre esa rotura ocurre al final de la dilatación, se espera que el parto sea inminente y suele ocurrir todo lo contrario, que la dilatación sea más lenta, no sólo por la falta del tercer factor, sino también porque la disminución de líquido dentro de la cavidad uterina puede restar fuerza y por tanto, eficacia a las contracciones, por lo cual no es recomendable la amniorexis, hasta que la dilatación no sea casi completa o completa.

Consuelo Ruiz Velez-Frías
Autora de "Cartilla para aprender a dar a luz". Editorial Thalassa



Quizás también te interese: 
  • ¿Cómo se asiste un parto en casa? (I)
    Libros relacionados:
    Fuente: www.holistika.net
    Recuperado del 'antiguo blog'


     
    Nota: Éste no es un blog médico, sino informativo. Contrasta siempre toda la información y consulta a varios especialistas. Puedes desactivar el sonido del blog al final de la columna derecha.

    Licencia de Creative Commons
    "Por Un Parto Respetado" de Mireia está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

    viernes, 17 de octubre de 2014

    Valoración y conclusiones (de mi parto en casa)

    → Leer antes "Mi 2PVDC: el nacimiento en casa de Anhel"

    -Actualización 1: Anhel con 2 meses:
    Me envía V un Whatsapp porque ha visto en mi Facebook que le han cortado el frenillo a Anhel y me pregunta si ha habido algun problema con la lactancia. Yo ALUCINO con la pregunta y respondo que el mismo problema que había el día 1, dolor y mala succión causada por el frenillo sublingual de tipo 3 que tenía, y que ahora mi bebé está reaprendiendo a mamar.

    -Actualización 2: Anhel con 3 meses:
    V nos invita a una charla, junto a otras parejas, sobre partos en casa para contar nuestra experiencia. Esto me hace pensar que no ha percibido nada de nuestro malestar, por lo que, después de dudar, le comento a grandes rasgos los tres puntos más negativos de nuestro sentir: la piscina, la lactancia y la ausencia. Comento estas tres en concreto porque se había hablado de todas ellas durante la gestación y en teoría estaban claras y anotadas en su libreta...
    Su respuesta es, por un lado, que le apena mi sentir y que es cierto que no estuvieron como debían en el postparto, por lo que me pide disculpas. (No me sirven, si por distancia no podías atenderme bien, no haberme cogido. Pero no voy a tener otro postparto cuando a tí te vaya bien)
    Aparte de eso, me dice que 'ojalá le hubiera ido diciendo durante el parto, como hicimos en el embarazo' (Lo primero, no se cómo si no estabas allí. Lo segundo, ¿de verdad tenía que estar repitiéndote lo acordado mientras estaba pariendo?).
    Sobre la lactancia, me dice que ella no diagnosticó ningún tipo de frenillo (pero yo si te lo dije) y que ha tenido a mamás amamantando con frenillo y sin dolor. Ya, pero no era mi caso. A MI SI ME DOLIA, y también te lo hice saber.
    A mi sentimiento de abandono, responde que pretendían que estuviéramos en intimidad... Yo no había pedido eso, sino vigilancia sin intervención, a no ser que fuese imprescindible intervenir. Podías quedarte en una esquina, podías irte a otra habitación, podías quedarte en la terraza, podías ir y venir, podíais alternaros con la buhardilla, pero desde dos plantas arriba ni me vigilabas ni controlabas la situación.
    Me dice que no me dejó desde que la llamé (es cierto, aunque perdí la cuenta de las veces que me dijo que se iba), y me recuerda que tampoco me dejó cuando le dije que no podía parir en casa por un tema económico y que no todas ofrecen facilidades de pago. (Tranquila, pienso cumplir mi acuerdo, no se me ha olvidado que te debo dinero. Y no, no todas, pero tampoco eres la única).
    No me molesta 'el recordatorio' en si, tiene todo el derecho aunque yo aun no he faltado a mi palabra; me molesta que me lo diga como si eso fuese compensación por no haberme atendido como debía.
    Sobre la piscina... bueno, no se ni por dónde cogerlo. Me dice que si que se puso, que la traía para eso. Que a veces todo se acelera y que recuerde que no se hizo ningún tacto para respetar (por el tema del Egb+). Vale, a ver: Se puso... de milagro. No se puso durante la dilatación, que es cuando dije expresamente que por favor me la ofreciérais. Dio tiempo... de parir allí, no de dilatar en ella. La dilatación me la comí solita con patatas, y es cuando el agua sirve de más ayuda. Yo en ningún momento dije que quería parir en el agua, era algo que no tenía calculado. Quería el agua para la dilatación, el resto ya se vería.
    "Que a veces todo se acelera..." Si, tres horas dan para que un parto pase de dilatación a expulsivo, ciertamente. Si mi marido sabía que estaba en expulsivo y yo sabía que estaba en expulsivo, solo por los rugidos que pegaba, y con sólo una experiencia previa... ¿tú necesitabas un tacto para reconocerlo? No, de verdad... yo creo que con haber estado abajo ya te habrías dado cuenta, no necesitabas ningún tacto.


    No contesto a este mail de respuesta, creo que si esa es su postura no merece la pena discutir.
    Tras esto, decido que voy a publicar mi relato, que hasta ese momento tenía sólo para mi y para personas muy cercanas. Porque no lo hizo bien, y en lugar de reconocerlo, se pone a la defensiva casi echándome la culpa a mí. Y no, yo no tenía culpa DE NADA. Tu función era ESTAR POR MI. única y exclusivamente. Y yo en ningún momento, ni previamente ni durante, dije que os fuerais, que no os quería allí, o modifiqué mis deseos (ya hablados) respecto a la atención que esperaba recibir (espectadoras, vigilando). Me sentí profundamente abandonada con la lactancia, cuando de sobras, muy de sobras, conocías lo que me angustiaba fracasar.
    Así que considero que he de publicar esta experiencia, porque no se visibilizan los partos domiciliarios que no salen como debieran aunque también existen y también es bueno conocer las experiencias no tan positivas, para poder tener aun más herramientas a la hora de realizar nuestra elección. Nunca he leído un relato de parto en casa negativo, excepto el de Clau. Normalmente a mi alrededor las experiencias han sido acordes a las expectativas en cuanto a la atención recibida, hayan salido como hayan salido, que eso es otra historia. Y yo no he tenido un mal parto físico, aunque emocionalmente haya dejado mucho que desear, y me quedo con que mi bebé ha tenido un parto suave y respetuoso, pero desde luego, era fácilmente muy mejorable y no comprendo por qué no pude tener la atención que se había acordado, que merecía, y que normalmente las matronas domiciliarias dan, incluida nuestra comadrona si me fio por aquella charla a la que asistimos... Aunque ahora, viéndolo con perspectiva, es lógico que no hubiese ninguna experiencia negativa allí: ni yo misma he querido ni creído apropiado ir a hablar de ello en una charla cuando no había habido una comunicación previa sobre el tema entre nosotras.


    -Actualización 3: Anhel con 3 meses y medio
    Envío un mail a V con el justificante del ingreso del resto del importe pendiente. Ella contesta que le gustaría que habláramos sobre lo ocurrido, en Barcelona o en mi domicilio, para cerrar la vivencia del parto de forma agradable y constructiva, porque es una experiencia única en nuestra vida.
    Lo sabemos, créeme. Pero lo que tu digas no va a cambiar lo que vivimos mi marido y yo, y a estas alturas no creo que tenga ya nada que hablar contigo. Quizás hace dos meses habría estado bien que me hubieras preguntado qué tal y nos hubiésemos visto, pero ahora lo único que deseaba era saldar mi deuda y cerrar esta carpeta.


    Quizas también te interese:

    Mi 2PVDC: El nacimiento en casa de Anhel
    18'30: El parto en casa de mi mujer [24/10/14]
    Diario de mi tercer embarazo, 1er trimestre
    Diario de mi tercer embarazo, 2º trimestre
    Diario de mi tercer embarazo, 3er trimestre
    El nacimiento de Arián (Cesárea, 31/01/2002)
    El nacimiento de Abril (PVDC, 04/11/2006)

     
    Nota: Éste no es un blog médico, sino informativo. Contrasta siempre toda la información y consulta a varios especialistas. Puedes desactivar el sonido del blog al final de la columna derecha.

    Licencia de Creative Commons
    "Por Un Parto Respetado" de Mireia está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

    sábado, 11 de octubre de 2014

    Mi 2PVDC: el nacimiento en casa de Anhel


    Anhel nació hace más de un mes. Recuerdo que cuando volví de Acuario, de parir a Abril, tardé un día en escribir el relato de nuestro parto, estaba deseando contarlo, me sentía eufórica y no quería olvidar nada. En esta ocasión me ha costado varios intentos desmotivados, pero finalmente aquí estamos.
    Si he de resumir cómo han sido los nacimientos de mis hijos, diría que la cesárea de Arián estuvo presidida por el miedo y la incertidumbre. En el PVDC de Abril, reinaron varias sensaciones, sobre todo el poder, la satisfacción, la victoria, la emotividad, la sorpresa... El parto en casa de Anhel se resume con "decepción". El ha tenido un buen nacimiento y mis otros hijos una fantástica experiencia, mi marido una gran -y merecida- satisfacción personal, todo "lo que importa" está bien, sanos los dos, sin violencia obstétrica ni malos tratos. Yo me siento feliz por todo ello. Pero aun así, me siento profundamente decepcionada con mi parto. Me entristece que la gente me pregunte cómo fue y mentir con un "muy bien" o explicar cuatro pinceladas si hay confianza, que lo único que hacen es dejar en no muy buen lugar a los partos en casa. Es más fácil defenderlos si todo ha ido rodado, que es como suele (y debería, si no hay complicación) ir.

    El caso es que fue un parto demasiado largo para mi gusto y demasiado intenso en su etapa final. (Tres embarazos y este último ha querido ser diferente en absolutamente todo). Aquí el factor sorpresa no existía, aquí ese "poderío" que te da un primer parto respetado, sobre todo tras una cesárea, cuando descubres esa naturaleza salvaje, mamífera y tremendamente poderosa que habita en ti no sorprende, ya la esperas. Aquí ya has hecho el camino antes, por lo que tu útero y tu vagina recuerdan cómo es parir y lo hacen aun más eficazmente. Aquí la euforia de "haberlo conseguido" ya no existe con la misma intensidad, porque ya sabes que puedes hacerlo, digan lo que digan. Y todo eso es normal y lógico que le pueda quitar algo de 'magia' al asunto. Además si algo he aprendido durante estos años de 'bagaje' por estos lares de la maternidad, es que cuanto menos esperes de un parto, mejor. Que hay que disponerlo todo para que vaya de diez pero tener presente que quizá la nota acaba más baja, que hay que dejarlo fluir, hay que dejar que su propio cauce sea quien lo dirija y que no se puede intentar planificar al detalle, porque con bastante probabilidad, no saldrá como esperabas. Así que mis expectativas eran bastante escasas: ninguna, salvo que fuese sin complicaciones y una buena atención que facilitase el proceso. El resto estaba todo atado como para no dar problemas, y yo me sentía segura y apoyada por mi marido. ¿Qué podía fallar?

    Inicialmente, iban a ser dos comadronas las que nos atendiesen, V y S. Nos gustaba bastante el equipo que formaban, porque V era como la que 'dejaba fluir' (su frase: "tú confía", para todo), y S era la que redirigía las visitas hacia nuestras necesidades, hacia nuestras inquietudes, hacia el proceso. Aunque escogimos a V y S venía como compañera, luego fue S la que nos dio más seguridad en las visitas posteriores, previas al parto. Digamos que V era más espiritual y S era como más sensata. Pero el día en que me puse de parto, S cogía vacaciones y en su lugar vino N, una de las matronas de 'la otra' pareja que trabaja con V y S, que nos habían presentado en la última visita por si 'había una emergencia'.Me hubiese gustado saber que S tenía vacaciones cercanas a mi FPP, la verdad. N parecía muy maja, pero apenas había hablado con ella.

    En una de las visitas preparto, le expliqué a V y a S lo importante que era para mí conseguir que funcionase la lactancia. Les expliqué que Abril había tenido un frenillo no diagnosticado que dio muchos problemas. Me llegaron a preguntar qué me preocupaba del parto y les contesté "que funcione la LM", y V respondió que por eso no sufriese porque ellas de lactancia 'sabían bien'.
    Les comenté que si en el parto de Abril me hubiesen ofrecido llenarme la bañera, habría dicho que si. Pero que no tuve fuerzas para pedirla, así que les dije que me la ofrecieran en la dilatación, por si me apetecía meterme.
    También en uno de esos encuentros previos nos dieron una lista con todo lo que había que preparar, que prudente y meticulosamente dejé listo semanas antes del parto, y que mi marido bajó al comedor antes de que llegaran las matronas el día del parto.
    En la última visita previa al parto, ofrecimos la buhardilla a las matronas por si se daba el caso de que la cosa se alargaba u ocurría durante la noche y necesitaban descansar alguna de ellas, ya que tiene un sofá-cama amplio y cómodo.
    S me preguntó qué esperaba de mi parto, del papel de las matronas, del de mi marido, del de Anna: A mi marido, mi apoyo. A Anna, que se encargase de mis niños. A ellas, que fuesen espectadoras de mi parto, vigilando que todo transcurría bien.

    Pasé una semana en pódromos. Que si contracciones molestas, que si tapón, que si dolorcillo de regla... Finalmente, el día 24 de junio, sobre las 22h, estuve segura de que el parto, por fin, había comenzado. Nuestro bebé nacería con toda probabilidad el día 25 de junio, así que Héctor avisó en el trabajo y comenzó a dejar preparadas todas las cosas de la lista "Hacer el día del parto", y yo avisé a V y Anna (nuestra 'doulacanguro', contratada para acompañar a los niños) de que aquello parecía que por fin había comenzado, para que estuviesen preparadas por si las llamaba. Eran contracciones de parto, pero de las que se llevan sin problema, así que pretendí irme a la cama... pero aunque se soportaban sin complicación, no eran tan livianas como para quedarme frita, así que al final a la 1 am me levanté de la cama y anoté su frecuencia, que era algo irregular pero más o menos cada 10-15 minutos. A las 3am ya eran cada 5-10 minutos, seguían siendo irregulares y soportables y aun quedaba trabajo por delante, así que en la oscuridad y el fresquito de la noche seguí con mi trabajo a solas, creyendo que Anhel nacería por la mañana. A las 5 am subieron en intensidad, a las 5:30 se fueron acortando en tiempo y finalmente a las 06:30, tras 6 u 8 contracciones cada 2 minutos que me alarmaron un poco (¿qué había pasado?¡nuestra matrona tenía algo más de una hora de camino!), llamamos a V para que viniese a casa y le envié un whatsapp a Anna diciéndole que cuando se levantase se viniera para casa, sin prisa porque los niños dormían.

    Comenzó a amanecer... y con cada rayo de luz que entraba en el comedor, mis contracciones se espaciaban. Dejaron de ser cada 2 minutos, pasaron a ser cada 5, cada 10... y cuando llegó V, sobre las 08:30, ya eran cada 15 minutos. Mi parto no se había parado, pero la luz había espantado a la osa que llevo dentro y me lo había relentizado. V esperó a que llegara N y se fueron a almorzar para ver si se animaba otra vez, pero cuando volvieron dos horas después (llamaron a Héctor antes por si tenían que regresar antes) seguía igual. V comenzó a decir que quizá se iban y volvían más tarde, que yo cómo lo veía. Yo le contesté que no sabía qué decirle, que en ese momento no las necesitaba, que no sabía si cuando se animase de nuevo iría rápido o no, y que tampoco sabía decir si sería en breve o tardaría mucho. Ella me preguntó cómo me sentía más segura yo, contesté lo mismo y que lo único que me preocupaba era que después no llegaran a tiempo. Le preguntaron a Héctor, que dijo que por él, mejor se quedaban.
    Llegó Anna, escuchamos a Anhel...


    V me hizo reflexologia en los pies, con aceites esenciales, en la habitación, a oscuras... (no sabía yo que la reflexología podía doler así), pero me relajé y al rato bajé abajo.
    Mis contracciones seguían sin ser regulares, de nuevo la duda de si se iban o no. Pensé en esos partos que cuelgan las de "Néixer a casa", donde se tiran 48 y hasta 72 horas en casa de la familia... ¡estaba claro que no iba a ser mi caso! No entendía tanto empeño por irse, aunque V no hacía más que decir, después de que se iban a ir, que a ella le daba igual quedarse. Y yo me preguntaba por qué si el parto no se había parado y ella tenía más de una hora de camino, no dejaba estar el tema y se quedaban sin más.  Le dije que por la comida no se preocupase, que habíamos contado con ellas y había canelones para todos!

    Sobre las 12h decidieron que se iban, pero las contracciones aumentaron en intensidad, el dolorcito ya comenzaba a molestar. Seguían irregulares, pero algunas venían más seguidas. Cada vez que cogían la maleta para irse, mi cuerpo las paraba con otra contracción fuerte. No les quedó más remedio que quedarse, así que se subieron a la buhardilla por iniciativa propia 'para no interferir y eliminar factores externos', según dijeron. Héctor ya no se separó de mí y puso velas y música, bajó las persianas para hacerme una cuevita y estuvo a mi lado en todo momento.
    Las matronas bajaron alguna vez para ver cómo iba, yo tenía gana, así que comí fruta y frutos secos y fui bebiendo zumos y agua que me traía... todo el mundo. Sobre las 15h estuvieron listos los canelones que habíamos descongelado, pero yo ya no tenía hambre, las contracciones eran ya muy dolorosas y fui probando diferentes sitios para encajarlas: en la pelota, en el sofá, en la mecedora... recuerdo sentir que me daba la mano Arián una de las veces, entre contracciones.


    V y N se quedaron conmigo para que Héctor pudiera comer con los niños y Anna, luego fueron a comer ellas y después volvieron a la buhardilla.
    Cuando venía la contracción no estaba cómoda en ningún sitio, me tenía que incorporar siempre, me arrepentí de no haber dejado a Héctor agujerear la pared para colgarme un fular del que poderme colgar en el parto. Finalmente sentada en la pelota y agarrada al piano me quedé, con Héctor al lado.
    Héctor se ofreció como apoyo, me masajeó las lumbares, grabó con la cámara algún trocito... Yo necesitaba sentirlo conmigo con cada contracción, no le dejaba irse lejos, lo llamaba cuando comenzaba una nueva si él no la había visto venir solo y ya lo tenía allí, disponible para mí. Tuvimos un vínculo y una complicidad absolutos. El sabe que lo hizo bien, pero no sabe hasta qué punto fue importante para mí.
    Sentía que entraban a veces los niños, con Anna, sin molestar, y de igual manera que se iban. A veces sentía sus risas fuera, en la terraza.


    Estaba muy cansada, la noche sin dormir comenzaba a pasar factura y cabeceaba entre contracción y contracción. Ya eran muy potentes, "la piscina no me vendría mal", -pensé-.

    Pasadas las 17h tuve la primera contracción de expulsivo: una contracción larga como no había tenido jamás, ni con Arián ni con Abril. Cuando se suponía que debía comenzar a bajar de intensidad, -y ya le había concedido el tiempo de una contracción de las más duras-, mi cuerpo apretó por primera vez y la contracción continuó y continuó, noté que los ojos se me iban hacia arriba y que llevaba una endorfinada encima como la copa de un pino. Aquella contracción tan larga me hizo pensar: "¿dónde demonios están las comadronas? Hacía muchísimo que no las sentía por allí... ¡Anda que hago una rotura uterina y aquí no se entera ni dios!"  Pero algo más poderoso me sacó de esas tonterías: la cabeza de mi hijo que comenzaba a atravesarme. "¡Guau! ¡La de Abril no la había notado así!" Y bajaba, y bajaba, en aquella contracción interminable.
    La siguiente fue igual, otra contracción bestial, que en medio de aquel rugido que me salía de las entrañas más profundas de mi ser, me hacía abrir la mandíbula como si la tuviese que desencajar. Recordé a Enrique, en el parto de Abril, diciéndome que hiciese la fuerza por abajo en lugar de por arriba, así que dejé mi mandíbula desencajada y ahogaba en el silencio el rugido que me tragaba para ayudar a mi bebé a seguir bajando.


    Y mi hijo bajaba, y bajaba, y seguía bajando en otra contracción que parecía no tener fin. Recordé de nuevo a Enrique, cuando me apretaba en el muslo para recordarme que tenía que respirar. [Respira, Mireia, dale aire a Anhel, vamos, no estás respirando, respìra!!!]. Y como podía hacía respiraciones rápidas que le aportaran oxígeno, porque no podía respirar de otra forma en medio de aquellas contracciones. Me refugiaba en mi marido en todo momento, lo necesitaba allí, le agarraba, él paría conmigo. (Si, yo, la anti "estamos embarazados" diciendo que mi marido paría conmigo. Si. Los dos parimos a este bebé).
    [¡Las comadronas! ¿Pero dónde coño estaban, es que no me oían? ¡Quería la bañera y como no bajaran YA iba a parir en el sofá, necesitaba el agua para atenuar aquel dolor! Mierda, había que hablar :]
    -Héctor, llámalas, quiero la bañera.

    Habían comenzado a bajar las escaleras. O lo habían escuchado subir. Se pusieron a nuestro lado a ver cómo iba el asunto. Otra contracción, ellas mirando, rompo aguas a mitad de contracción, pero no sale el agua "plof", sino taponada por la cabeza de Anhel, a presión por mi pujo, y extrañada sin saber bien qué era, digo que creo que me he hecho pis. Y baja, y baja, y baja su cabeza, y yo me abro más y más mientras me atraviesa ¿Cómo podían ser tan largas las malditas contracciones? ¡No me daban tregua, aquel expulsivo no se parecía en nada al de Abril!.
    "¡El agua!" -pedí de nuevo-. [¿Pero es que nadie se da cuenta de que estoy a punto de parir? Ahora no os quiero mirando, ¡os necesito llenando la piscina, haber mirado antes, joder!] Comencé a pensar en cómo iba a cogerlo, sentada en el sofá, porque a ese paso era allí donde iba a nacer mi bebé. ¿Pero por qué tenía que estar pensando tanto? Necesitaba dejarme llevar, entrar en el 'planeta parto' y no había manera... Jolín, no me gustaba nada todo aquello...
    De nuevo 'me fui' hasta Acuario y recordé a Carmen, la matrona de guardia, mi 'punto negativo' en el nacimiento de Abril, cuando vino a la habitación y me vio en completa comenzó a decir nerviosa: "me teníais que haber avisado antes, que esto es una cesárea previa, ¡que es una cesárea previa!", y recuerdo que pensé, sentada en la silla de ruedas importándome un pimiento si me veía en pelotas la clínica entera: "¿No me jodas que tengo cesárea previa...? ¡Y yo que creía que había venido hasta aquí para no escuchar estas tonterías!...". Pues eso pensé, pero en este caso era: "¿Esto vale 1800€? ¿Para esto estoy pariendo en casa?"

    Por fin traen la piscina y me dicen que van a hacer un poco de ruido hinchándola, que si me quiero ir a otro sitio. Yo pienso 'venga, vamos al baño', pero mi cuerpo no me acompaña. "Venga, vamos, allí sentada en el wc no estarás mal...". Pero mi cuerpo sigue sin responder. Niego con la cabeza, no me muevo. No puedo. Está a punto de llegar otra contracción. Y entonces comienzan a hinchar la piscina, con un hinchador de esos eléctricos que hace el ruido de cien aviones juntos. [¡Joder!!! ¿Pero qué haces???¡Apaga ese ruido del demonio, que estoy empujando!].
    -¡Fuera!!!", -les gruñí como pude-. "-¡Hínchala fuera y éntrala rodando por la puerta!".
    En mi mente, reclamo mi planeta parto. [¿Pero por qué tengo que estar pendiente de estas mierdas? ¡No entiendo nada!]
    Otra contracción, la piscina sigue sin estar lista. Vuelvo a "hacerme pis" al empujar. V me dice que "con bragas no se puede parir", y me las quita.
    -¿Ya?, -pregunté un par de veces, desesperada.

    Finalmente, cercanas las 18h, la piscina está llena. [WOOOOOOOOOOOOOOOOW... Habría estado genial tenerla hace dos horas!. Qué bien, qué bien, qué alivio, qué gusto... A-DO-RO-EL-AGUA!!!]

    Una o dos contracciones mas en el agua. Tengo una calor que me muero, estoy sudando de lo lindo, han apagado el ventilador para cuando nazca el bebé y yo me estoy asfixiando (mientras él nace, a mí que me zurzan... ¡creía que ahora importaba yo!). Suerte que N me abanica porque estoy sofocadísima y una vez que la pobre se detiene le digo: "¡no pares!" (Gracias, N, por darme aire!)
    Siento a los niños, Anna les explica lo que pasa.
    Siguiente contracción. Cuando acaba, pregunto si ya se le ve, (me gustaría verle la cabecita con el espejo, pienso). V me dice que aun no, que aun falta un poco, así que Anna se lleva a los niños. Yo me extraño, porque lo he sentido ya abajo, creía que no había salido porque me abrasaba y he dejado de empujar en el final de la contracción y por eso no 'lo he dejado salir', pero parece que no.
    En el agua mi cuerpo me deja descansar, un poco de tregua antes de la siguiente:
    Tacháaan! Corono a Anhel. Cuando Héctor se da cuenta y va a coger la cámara, piensa que si lo graba, los niños no ven nacer a su hermano... así que se va a por los niños. Una contracción más, aprieto con todas mis fuerzas, y sale la cabecita entera. Anhel la mueve a un lado y a otro mientras aun está dentro de mí.
    Siento que Héctor dice "¡mira cómo se mueve...!" y se emociona.
    Siguiente contracción, oigo a V que me dice "despacito, despacito", así que creo que es para que no me desgarre y dejo que en la última contracción mi cuerpo, casi sin mi ayuda, saque a mi bebé. [Pensé que no sería capaz, pero mira, lo estoy haciendo, ¡no empujo!: ojalá así no me desgarre] Pero cuando sale noto que ya hay algo roto por ahí. Vaya. No me había dicho lo de despacito para evitar nada...


    ¡Flop! En una pequeña sacudida, de un lado y de otro, Anhel va al agua. Y lo cojo, precioso, no llora nada. Son las 18:30h.
    Oigo a los niños, pero no se qué dicen. Le echo agua por encima para que no se enfríe, lo acaricio, lo miro, lloro. Busco a Héctor, a mi hombre, a mi punto de apoyo, a mi TODO; [Hemos parido, amor. Gracias por ayudarme] Le pido que me bese, toda mi gratitud va en ese beso, que es mucha. Me dirijo a mis niños, pero no recuerdo qué les digo, me recuerdo emocionada.
    Miran el cordón, perfecto, bonito, latiente. Lo tocan todos, incluidos mis niños, y lo admiran. Nos quedamos un rato en la bañera y alguien me echa una toalla encima para tapar a Anhel. Había una montaña de toallas preparadas justo al lado. Pero cuando la voy a coger para taparlo... ¡arg! ¡Qué tiricia me da! Es la manta de 2x2m del sofá!. "-¡Esto es la manta!" -les digo, sacándola empapada.
    En el agua, le susurro su nana a mi niño. Llevo el camisón puesto, ni me lo había quitado en mi desesperación por meterme en el agua, pero Anhel está tan tranquilo y mirándolo todo, que pienso que mejor le doy de mamar fuera, seca.


    No se cuánto tiempo después, salgo del agua y me siento, con ayuda, en el sofá. V me dice que si tengo ganas de empujar, empuje, aunque me moleste, que tiene que salir la placenta. Pasado un rato, el cordón deja de latir y empujo (si, duele, tampoco lo recordaba con Abril así) y noto con alivio cómo sale la placenta. Oh, ahora si está todo mejor, ahora sí siento alivio por fin. Cortan el cordón entre los tres, Héctor y los niños.


    Me dice V que me tumbe hasta que me mire, pero le digo que quiero amamantarlo y me dice que lo haga tumbada. Pretende que el niño se agarre de forma espontánea pero no puedo, tengo el pecho demasiado grande, se me va hacia el lado. El bebé no se puede agarrar así y yo me siento violentísima ante su empeño de dirigir sin éxito unos pechos enormes que no se mantienen arriba para que mi niño pueda reptar hasta ellos.

    Permanecemos mucho rato así, piel con piel, yo miro a mi niño hermoso. Pienso que no tengo una sensación bonita, pero que él es precioso y que por fin se ha acabado. Tiene un ojito cerrado, parece que se ha hecho un poco de daño con la uñita o algo. Se me hace pis encima. No lleva nada, estamos completamente desnudos bajo las toallas.


    V va y viene, pero yo no se dónde para...Yo sólo miro a mi bb... Quiero darle de mamar, sino se va a dormir. Se lo vuelvo a decir a V, y ella vuelve a decirme que le de tumbada hasta que me haya mirado el periné, que puedo darle así. Yo le digo otra vez que no puedo darle tumbada en el sofá, que necesito incorporarme un poco, y ella vuelve a decir que ahora me mira.
    Vuelve a hacerse pis encima... [¡Como se haga caca nos vamos a poner buenos los dos! ¿No dijo S que le harían un primer pañalito provisional para el 'piel con piel', con las gasas que he comprado?.]


    A las 20h, V viene a mirarme el periné. Hasta entonces, había estado recogiendo las cosas con N y haciendo las infusiones en la cocina para curarme y que me cure yo después.
    Anhel está dormido desde hace mucho rato. Sin mamar. Lo pesa y mide, 48cm y 3000 grs: anota los datos en su cartilla sanitaria y se lo da a Héctor, que también hace piel con piel con él mientras me mira a mí.


    Me dice que tengo un desgarro y que si quiero que me cosan o que se cure solo. Me lo enseña con el espejo [anda, ¡si aquí está el espejo!] para que vea que es bastante lineal y 'limpio', me dice que si no abro las piernas en una semana, se me cura sin coser. Yo ya no quiero más historias ahí abajo, hace mucho que ya parí, que saqué la placenta, que estoy en el sofá... ya no cosemos. Estaré una semana con las piernas cerradas, aunque me ha parecido un buen desgarro (como 1cm de profundidad y como una falange de largo, es de segundo grado, pero si dice que se cura, se curará).


    Anna hace con los niños tres bizcochitos rápidos, los decoran y les ponen una velita, el 0, para celebrar que Anhel ha nacido. Nos queda una excelente experiencia del trabajo de Anna: los niños han entrado cuando han querido, han tenido las explicaciones que han necesitado y no han demandado nuestra atención porque han estado entretenidos. Gracias, Anna.

    Me pongo de pie para subir arriba, a la cama. Qué sensación más angustiante, me ahogo, es como si la barriga me vaciase el aire de los pulmones. ¿Pero qué me pasa? Caminamos hacia las escaleras... me mareo. Jolín, qué floja estoy. V me dice que es normal, que de repente mi metabolismo tiene que adaptarse a seis quilos menos... pero yo pienso que eso pasa después de cada parto y de nuevo recuerdo el de Abril, donde no me sucedió nada parecido. Añade que ya no tengo la edad que tenía con Arian y Abril. (Jo, vale, es verdad... soy más mayor. Supongo que la cantidad de peso que he ganado en este embarazo y cómo me ha imposibilitado dan su fruto ahora también...) Finalmente llegamos a la habitación, me doy una ducha con ayuda de Héctor y me quedo en la cama. V y N me dicen que vendrán al día siguiente para verme y nos despedimos.

    Al día siguiente V y N no pueden venir, tienen otro postparto, así que vienen un día más tarde. No me gusta, pero no digo nada. Me va preguntando por whats y me llama para ver qué tal estoy. Yo me siento  muy floja, muy débil. Anhel parece muy sano, estoy muy alerta de que no de ningún signo de sepsis, al haberme dado el estreptococo positivo durante el embarazo. Llamo a su pediatra para que me lo visite antes de la 'visita protocolaria' de los 15 días, para asegurarme de que está bien. Mama muy seguido, le cuesta engancharse y me duele mucho el agarre, que además se suelta muchas veces. V me dice que me lo pegue bien, que eso es por la postura... Me dice que haga la postura de caballito para disminuir el dolor, me manda fotos de otras mamás con sus bebés, pero yo soy incapaz de hacerla, me faltan manos para sujetar y dirigir al bebé y sujetar y dirigir mi enorme pecho. Consigo darle de mamar con la ayuda de Héctor, sino es imposible. Qué aparatoso, qué frío. Yo no tengo esas tetitas redondas y perfectas que tienen las mamás de las fotos, no se hacerlo.

    Un par de asesoras y dos IBCLC me dicen, al enviarles fotografías de su boquita, que Anhel tiene un frenillo sublingual de tipo 3, y que esa es la causa del dolor. V me hace la 2ª visita postparto, tengo el desgarro bastante bien, Héctor me lo cura cada día con las infusiones que me prepararon. Le explico a V lo del frenillo de Anhel, pero me insiste en la postura (hasta que comprueba que la postura es buena y aun así hace daño) y me dice que un frenillo 3 o 4 no es como un 1 o 2, que se puede dar de mamar perfectamente. [Bueno. Después de lo que yo pasé, que me digas esto es un poco heavy.]
    Queda una visita posparto, pero me avisa el domingo por la tarde para venir el lunes por la mañana y no podemos, porque tengo que acompañar a Héctor a hacer unas gestiones para las que ya tenemos hora y yo tengo que ir, así que así se cierra 'el servicio'. En realidad me da igual porque sobre todo necesito apoyo con la lactancia y ya me ha dicho que los frenillos 3 y 4 no importan... Me dice que si necesito cualquier cosa la llame. No lo hago.

    Creo que tras un parto en casa, tratando a mujeres, en teoría ofreciéndoles apoyo como parte de tu trabajo, una llamada al mes de haber parido para recordarme la última dosis de vitamina K de mi bebé y preguntarme cómo estoy y/o evaluar la experiencia de la madre, no estaría de más. Pero no ha habido nada.
    No puedes no visitar a una mujer recién parida en las 24 horas siguientes porque tienes otro postparto. ¿Acaso es más importante que el mío? ¿Incluso aunque había que vigilar a un bebé recién nacido con Egb+?

    Para que una mujer 'conecte' con su parto ha de 'desactivar' su cerebro más evolucionado, el neoçórtex, y conectar con el más primitivo, con el más instintivo. Estimular el neocórtex con una conversación o con algo que sobresalte (como un hinchador) no es precisamente la mejor manera de proceder.

    Héctor se asustó cuando comenzaron las contracciones del expulsivo. Se asustó cuando vio cuánto duraban. Pero allí estuvo, conmigo. Solo. A pesar de sentirse desamparado. El ha escrito su relato, donde también lo explica desde su punto de vista, y lo hemos hablado. Me dice que me olvide de la parte mala, que es lo que él ha hecho, que me quede con lo bueno. Pero yo no puedo, porque "la parte mala" es MI PARTO. 
    Siempre pensé que una buena matrona ha de ser capaz de permanecer en un segundo plano, vigilando sin interferir si no es necesario. Pero una cosa es no darte ni cuenta de que están por ser discretas y otra distinta que no estén. No se qué hacían en la buhardilla, pero supongo que era muy interesante para ser más importante que lo que a mí me estaba pasando dos plantas más abajo. Yo no les pedí que se fueran. Yo les había dicho, cuando preguntaron, "espectadoras, vigilando", y de hecho, creo que era su obligación estar controlando de cerca.
    Ojalá no les hubiera ofrecido la buhardilla nunca. Las infusiones, hinchar la piscina, y... por qué no, controlarme a mi, podía haberse hecho en todo el tiempo que estuvieron arriba.

    Las pocas personas que saben cómo fue me dicen que hable con ellas. Yo no tengo ganas de hablar con ellas. No me siento 'maltratada', pero si siento que me fallaron y no quiero ir a decírselo porque ademas, creo que V ya lo sabe. Sabiendo como sabían que he pasado un embarazo donde he estado tocada emocionalmente, que me he sentido muy sola. Siento que era tan fácil que todo hubiese ido bien... y lo estropearon. V era la que más dirigía, a N se la veía 'menos rodada', pero la verdad es que era muy dulce. Si hubiese estado S creo que habría sido muy diferente, porque ella se había encargado siempre de 'focalizar' las cosas, de dirigirlas cuando se iban, de centrarse en mi cuando V no lo hacía. Mi sensación fue de que a V se le acumulaba la faena, que iba como por inercia dentro de un poco de caos, por la forma de pedirle cosas sin orden a N y de estar donde no debía cuando tenía que estar a otras cosas. Estoy casi convencida de que si S hubiese estado, como estaba previsto, mi parto no habría sido éste.

    Mi periné tardó dos semanas en cerrarse. El agarre espontáneo con el pecho grande se hace mejor en posición sentada, 'me han dicho por ahí'(expertas en LM): ¡el caballito no funciona bien con pechos grandes! Mi hijo tenía un frenillo que hemos cortado con un mes, porque efectivamente, el pediatra vió que dificultaba la lactancia y su propia toma.
    Hay un vídeo del parto... pero apenas se ve. Está todo oscurísimo, y la primera parte del nacimiento de Anhel no está grabada, porque mi marido fue a buscar a los niños, que querían ver nacer a su hermano. Nadie hizo fotos tampoco. Me apena que éste haya sido mi parto. Me cuesta ver partos en casa con dilataciones en la piscina, matronas masajeando lumbares, haciendo fotos del expulsivo (posible solo si son dos, claro) o del primer momento familiar, leyendo cómo los ventiladores las aliviaban del calor. Me cuesta leer el parto que yo creía que iba a tener en otras mujeres que no soy yo.
    En cuanto Hacienda nos devuelva el dinero que nos tiene que devolver, le pagaremos a V la parte que queda del parto (hay que decir que fue flexible en cuanto a la forma de pago y si no fuese porque se me han quitado las ganas de pagarle, le estaría muy agradecida), y finalizaremos del todo una relación que no se bien cómo describir, pero que sin duda no volvería a repetir si pudiera volver atrás.

    Gracias, amor. Fuiste mi punto positivo.♥




    Quizás también te interese:

    Valoración y conclusiones (de mi parto en casa)
    18'30: El parto en casa de mi mujer [24/10/14]
    Diario de mi tercer embarazo, 1er trimestre
    Diario de mi tercer embarazo, 2º trimestre
    Diario de mi tercer embarazo, 3er trimestre
    El nacimiento de Arián (Cesárea, 31/01/2002)
    El nacimiento de Abril (PVDC, 04/11/2006)
    Preparar a los niños (hermanos) para un parto en casa
    Material para el parto en casa
    Estreptococo positivo EGb (y parto en casa) 

    Entonox como analgesia en el parto
    El agua en el parto
    ¡SOS! ¡El parto no llega!
    ¿Estoy de parto?
    He roto aguas, ¿y ahora qué? 
    El cordón umbilical, ¿qué es?
    La placenta
    Pelvis estrecha y desproporción cefalopélvica
    Anquiloglosia, el frenillo lingual
    Lactancia materna: lo que hay que saber
    El bebé




     
    Nota: Éste no es un blog médico, sino informativo. Contrasta siempre toda la información y consulta a varios especialistas. Puedes desactivar el sonido del blog al final de la columna derecha.

    Licencia de Creative Commons
    "Por Un Parto Respetado" de Mireia está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

    viernes, 19 de septiembre de 2014

    Material para el parto en casa


    Si te has decidido por un parto en casa, tendrás que preparar algunas cosas para el gran día. Aquí te recomendaba algunas ideas para preparar a los niños, aquí algunos vídeos que quizá te guste ver y aquí te hablaba de la canastilla del bebé. También te recomiendo que hagas un plan de parto donde indiques tus preferencias y lo presentes en el hospital más cercano, aunque vayas a parir en casa, por si hubiese que realizar un traslado.

    Ahora vamos a por lo que nos ocupa, el material necesario para el parto en casa que conviene ir preparando antes de que las comadronas entren en guardia con vuestro parto, normalmente a partir de la semana 37 de la gestación. Seguramente ellas os darán una lista, pero así tenéis una idea:

    FARMACIA:
    -Compresa de algodón enrollada "CEBENIN", puede ser el primer pañal del bebé mientras estais piel con piel, las matronas lo utilizaran para sostener tu periné o limpiarte y además puedes hacer compresas refrescantes/antiinflamatorias/antisépticas para el posparto inmediato (lee más abajo)
    -Caja de 100 gasas estériles, tanto para el parto como para cuidar el ombligo del bebé después.
    -Konakion pediátrico (vitamina K oral para prevenir hemorragias del bebé, sustituye a las inyecciones que administran en los hospitales). Infórmate sobre los diferentes protocolos de administración (3 dosis, 6 dosis, dosis diarias...)
    - Aceite de almendras dulces 100% (también en tu herboristería de confianza), para masajes.
    - Un paquete de salvacamas o empapadores desechables, para proteger las zonas donde puedas ponerte y crear una superficie higiénica a la vez. También puedes encontrarlos en algunos súpers.


    HERBORISTERÍA:
    Los fines de estas hierbas son varios: por un lado, el más obvio, es realizar infusiones para beber; además es posible que las añadan al agua de la piscina de partos para que os podáis beneficiar de sus efectos terapéuticos y por último, para las compresas posparto que os he comentado antes. Así, primero os digo cantidades a comprar y luego os explico.
    - Té de hoja de frambueso, para tomar una taza al día en infusión a partir de la semana 36 de embarazo y dos tazas al día a partir de la semana 38. Es un tónico uterino y algunas comadronas lo usan para ayudar en el parto. 100 grs y si luego hace falta se compra más.
    - Tomillo, 200-300gr (bañera de parto / compresas)
    - Cola de caballo, 200-300gr (bañera de parto / compresas)
    - Hierba Luisa, 20 gr. Una taza por la noche para relajarte durante el embarazo si estás nerviosa (infusión, una cucharada sopera por taza de agua) y útil también para calmar los entuertos.

    →Compresas posparto
    Haremos 10 compresas para ayudar a desinflamar la zona de la vulva y periné tras el parto. Cortaremos  trozos de unos 20-25cm de compresa Cebenin, empapándola de infusión y envolviéndolas una a una en film transparente de cocina (empapadas pero que no chorreen), las meteremos en un tupper y al congelador hasta el día del parto. Creo necesario comentar que no a todas nos gusta la sensación de tener esa zona mojada y con algo tan frío, aunque realmente sirve para desinflamar.


    Para hacer la infusión, llevaremos a ebullición 2 litros de agua, retiraremos del fuego cuando hierba y añadiremos un buen puñado de tomillo y otro de cola de caballo. Lo taparemos y dejaremos reposar unos 15 minutos, colaremos, filtraremos y dejaremos enfriar un poco. Después simplemente ponemos las compresas en un recipiente y las empapamos con la infusión, las envolvemos en film de forma individual y congelamos.

    VARIOS:
    - Sábana bajera ajustable impermeable para tu cama. Será útil si rompes aguas mientras duermes, si decides parir en la cama y también para proteger el colchón de las fugas posteriores de leche.
    - Colador viejo (será para recoger todo lo que haga falta si te metes en la bañera de partos)
    - Bolsas de basura
    - Plásticos para tapar muebles/sofás (podéis comprar un par de plásticos protege lluvia, de los que venden para proteger la ropa tendida en mercadona o carrefour, por ejemplo).
    - Una bolsa de agua caliente para aliviar dolor lumbar, riñones, etc
    - Un espejo de al menos 20x20cm para que puedan mostrarte el proceso de tu bebé
    - Un flexo de luz y una linterna con pilas
    - Dos palanganas de unos 25-30cm de diámetro (para recoger la placenta, para dejar las gasas, compresas, etc usadas)
    - Toallas grandes, medianas y pequeñas limpias.
    Truco: Para que queden más suaves hay que lavarlas sin suavizante, con agua fría o máximo 30ºC, con la mitad del detergente que indica el fabricante (yo he utilizado jabón natural de pastilla triturado en la thermomix, dos cucharadas soperas), media taza de bicarbonato y añadir en el último aclarado (o en la cajetilla del suavizante) media taza de vinagre blanco (al secar no huele). Antes de este lavado, se puede hacer uno con el detergente habitual y una taza de amoníaco, a alta temperatura, para dejar la toalla limpia y libre de bacterias. Si no tenemos secadora, secar en cuanto acabe el lavado a la sombra (el sol acartona)
    - Velas / incienso / esencias relajantes /  música relajante...
    - Tijeras que corten bien para cortar las compresas y encendedor para las velas/incienso
    - Frutos secos para comer antes del parto y zumos y frutas frescas para beber durante el parto.

    →Placentofagia
    Si te has informado sobre los beneficios de comerse la placenta (como estimular la lactancia, prevenir el riesgo de hemorragia o evitar la depresión postparto), y has decidido probar con un batido de placenta (sólo se añade un trocito, cruda), asegúrate de tener preparados alimentos como:
     -Canela en rama, miel, zumos, limones y naranjas, frutas frescas y variadas, batidora y/o exprimidor y cañitas para beber.

    También existe la posibilidad de que hagáis un estofado con ella o que la encapsuléis. Aquí os dejo con tres recetas de la web ya desaparecida "comadronas radicales":
    • Batido de placenta: Se toma la placenta recién parida, se examina bien y se cortan uno o dos lóbulos (material rojo esponjoso, textura parecida al hígado). Se retiran venas y ligamentos. La cantidad puede ser menos que lo que cubriría la superficie de la mano. A veces resulta más fácil cortarlo con tijeras de cocina. Se lava ligeramente para que no pierda sus propiedades y se introduce en la mezcladora o si no en el recipiente para la batidora. Se añade medio litro de zumo de naranja, o del que una quiera, y un par de cucharaditas de azúcar, miel o lo que se desee para endulzar. Se bate bien y... listo para servir! No sólo la parturienta se beneficia de este batido, a veces los maridos e incluso abuelas comentan la energía que sintieron tras tomarlo.
    • Sashimi de placenta: En Japón, tradicionalmente la placenta se corta en trocitos pequeños o tiras, se lavan y se colocan crudos en un platito. A continuación se cortan unas rodajas finas de cebolla tierna cruda y se espolvorea por encima. Se coje con los palillos, se suca en salsa de soja y se come. También se puede espolvorear virutas de bonito, o poner un poco de wasabi.
    • Estofado de placenta: Se cortan trozos de la placenta, procurando cojer sólo la parte blanda y carnosa y sin membranas. Estos trozos tienen un tamaño y consistencia parecidos a los trocitos de carne para estofado. Siguiendo cualquier receta tradicional, se cortan las verduras, patata, cebolla, ajo, zanahoria, pimiento, etc y se añaden por ejemplo guisantes o judía tierna. Puede comerlo la parturienta o toda la familia. Tener en cuenta que al ser cocinada la placenta perderá gran parte de sus propiedades, especialmente las hormonas.

    Yo no dudo lo más mínimo de sus beneficios, pero es algo superior a mí. Prefiero plantar un árbol con la placenta de mi bebé. ;)


    Quizá también te interese:
    La placenta
    El cordón umbilical, ¿qué es?
    He roto aguas, ¿y ahora qué?
    ¿Estoy de parto?
    ¡S.O.S! ¡El parto no llega!
    Concepción, embarazo, parto y menstruación para niñas (y niños) 
    Rituales tradicionales con la placenta
    Encapsular la placenta
    Placentofagia (comerse la placenta): no lo haga

     
    Nota: Éste no es un blog médico, sino informativo. Contrasta siempre toda la información y consulta a varios especialistas. Puedes desactivar el sonido del blog al final de la columna derecha.

    Licencia de Creative Commons
    "Por Un Parto Respetado" de Mireia está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.